Cuídate

1 marzo 2001

SOL                      RE

Detrás del tiempo me instalé,

la

ya ves, ni me quejo ni me quejaré.

DO

Mi ser, mis recuerdos y alguna canción

SOL

son hoy mi premio de consolación.

RE

Y tú, ¿qué has hecho para olvidar?

la

¿Qué fue de aquella chica del bar?

DO

Lo sé, prohibido preguntar.

 

Muy bien, seré sincera.

 

 

mi     SI7      mi

Cubrí mis ojos con mis manos

DO      SOL

y luego imaginé

RE            DO       SOL        RE

que estabas ahí de pie disimulando por mí.

SOL                    DO

Cierra la puerta, ven y siéntate cerca,

mi                       RE

que tus ojos me cuentan que te han visto llorar.

SOL                  DO

Llena dos copas de recuerdos, de historias.

mi                RE

Que tus manos aún tiemblan si me escuchan hablar.

 

Sin ti nunca podré escuchar

a la buena vida más,

volver a reírme de aquel final

en el que el bueno acaba mal.

Sin ti ya no regresaré

al lugar donde te conocí.

Lo sé, prohibido recordar.

Muy bien, seré sincera.

 

Cubrí mis ojos…

 

 

DO    SOL  SI7            mi

Tú cuídate, aquí yo estaré bien.

DO   SOL         RE

Olvídame, yo te recordaré.

Cierra la puerta…

Cierra la puerta… llorar.

DO   mi     RE     SOL

Y llena dos copas, y vamos a bailar tú y yo.

 

La Oreja de Van Gogh, L.P. El viaje de Copperpot

 

 

PARA HACER:

  1. Para empezar, fijaos en el título. ¿Qué se quiere decir de verdad cuando se dice «Cuídate» (“Cuídate tú, porque lo que es los demás…”; “Adiós y que te vaya bien; me preocuparé por ti”, o más bien, “Adiós… yo paso de ti, como no te cuides tú…”, u otras)? ¿Cómo empleáis vosotros esa frase? ¿A quién cuidáis? ¿Por quién os sentís cuidados/as… o descuidados/as?
  2. «Lo sé, prohibido recordar». ¿Por qué está prohibido recordar? ¿Por qué es malo o bueno? ¿Qué recuerdos os ayudan y cuáles os estorban? (Os puede ayudar comparar esos recuerdos malos o buenos con los del pueblo israelita en el Éxodo: recuerdos que ayudan –la acción liberadora de Yahvé, la Pascua…- y que estorban –querer volver a la esclavitud con comida de Egipto: miedo a la libertad…).
  3. «Cubrí mis ojos con mis manos y luego imaginé…» ¿Cuándo os cubrís los ojos y preferís no ver la realidad? ¿Por qué? ¿Os refugiáis a menudo en la imaginación? (Narrad las ocasiones concretas y vuestras fantasías en el grupo). ¿Qué elementos positivos y negativos os parece que encierra esta actitud?.
  4. «Detrás del tiempo me instalé, ya ves, ni me quejo ni me quejaré». Conocéis mucha gente que viva eso mismo? ¿Os pasa a vosotros? ¿Qué heridas lleváis dentro, aunque no os quejéis? (Se pueden dedicar una o varias reuniones de grupo a esta pregunta: primero escribid con sinceridad a solas; luego compartir de dos en dos lo escrito; luego en todo el grupo, etc. ¿Es bueno aparentar indiferencia ante ellas?)
  5. «Cierra la puerta; ven, y siéntate cerca…» Comparad esta invitación con la de Jesús: “Cuando recéis no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para que les vea la gente… Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará” (Mt 6,16). A partir de esa comparación, compartid en el grupo vuestro modo de orar…

 

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