«ALGUNOS DESAFÍOS PASTORALES EN ESTE TIEMPO»

28 enero 2021

Por Fabio Attard, sdb

1.     PRÓLOGO

  • «El lugar está desierto y la hora ha «
  • Recogemos y juntamos los cinco panes y los dos peces que tenemos
  • Tener el objetivo final de nuestra misión vivo y claro

 

2.     TENTACIONES

  • Miedo e incertidumbre
  • Cierre e inercia
  • Actitud defensiva y pesimista

 

3.     FE Y PERSPECTIVA

  • ¿Qué es el microclima, el eco-sistema que da «luz» y «alimento»?
  • La perspectiva de fe
  • La primacía del intercambio entre la fe y la vida
  • «¿Dónde y cómo encaja Dios en todo esto?»
  • Esperar en la parada del autobús

 

4.     DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES

  • Comprender, escuchar, sentir
  • La actitud contemplativa de la historia de nuestros jóvenes
  • Cuidar bien las propuestas – contenido y método
  • Nuestro testimonio como personas, consagrados y laicos «juntos».
  • La familia
  • La dolorosa plaga de la pobreza afectiva, y las situaciones de violencia y abuso

5. CONCLUSIÓN

 

    PRÓLOGO

 En estos meses de pandemia con frecuencia he regresado con mis pensamientos al pasaje que anticipa la multiplicación de los panes. En esta parte de la historia que precede al milagro veo un reflejo de lo que estamos experimentando en estos meses. Tengo la fuerte impresión de que nos enfrentamos a una situación que nos pide más de lo que creemos que podemos dar y ofrecer. No es tanto que nos sintamos inútiles o «desprovistos». Más bien, sentimos una cierta sensación de impotencia y desconcierto ante los desafíos que sabemos que el Señor nos invita a enfrentar. Queremos hacer algo, pero nos damos cuenta de que no tenemos la fuerza, los recursos o cualquier otra cosa para satisfacer estas inéditas y novedosas necesidades. Nos sentimos «pobres» ante los gritos de nuestros jóvenes y sus familias. Y sin embargo, dentro de nosotros también sentimos y reconocemos que ¡el mismo Jesús piensade manera diferente! En el enfrentamiento silencioso cara a cara, corazón a corazón, el rostro de Jesús nos «habla». No nos contradice en lo que sentimos y pensamos, simplemente en el silencio que nos pide, nos anima, nos comunica de forma misteriosa que renunciar, apartarse, retirarse no debe considerarse en absoluto.

También nosotros sentimos el peso de las palabras que Jesús dijo a los suyos: «¡Denles ustedes mismos de comer!» Escuchemos el pasaje del Evangelio:

Mc 6, 35-38 Multiplicación de los panes para cinco mil hombres

35 Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: “El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. 36 Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer.” 37 Respondiendo él, les dijo: Dadles ustedes de comer.” Ellos le dijeron: “¿Que vayamos y compremos doscientos denarios de pan, y les demos de comer?” 38 El les dijo: “¿Cuántos panes tienen? Vayan y vean”. Se informaron y le dijeron: “Cinco, y dos peces.”

Comparto tres breves reflexiones a la luz de estos versos.

  • Lo primero es reconocer que el «lugar está desierto y la hora ya ha pasado«.

No nos encontramos más al medio del día, sino en medio de un bosque oscuro. Según la frase del Evangelio, nos encontramos en un desierto existencial – τόπος (tópos) ἐρῆμος (erêmos). Estamos llamados a caminar y a «peregrinar» con y para los jóvenes, a acompañar a las familias y a nuestros colaboradores en la misión, en un nuevoterritorio sin precedentes, inedito. El camino que estamos llamados a recorrer no ha sido recorrido anteriormente, nadie lo conoce, y peor aún, no está nada claro.

Y aquí nos encontramos con un nuevo e inesperado desafío. Nosotros, que estamos acostumbrados a «tener todo bajo control» toda situación pastoral (o eso creíamos), nos vemos ahora privados de esta «seguridad pseudo-pastoral». Como los discípulos, de repente nos sentimos cortos de soluciones. El éxito pastoral que los discípulos comparten con Jesús antes de la multiplicación de los panes – 30 Entonces los apóstoles se reunieron con Jesús, y le contaron todo lo que habíanhecho, y lo que habían enseñado. 31 El les dijo: “Vengan ustedes aparte a un lugar desierto, y descansen unpoco” – parece estar a años luz de distancia ante esta nueva e inesperada petición. Debemos admitir que esto no nos complace en absoluto, nos hace sentir incómodos.

Generalmente, aunque no siempre, estábamos acostumbrados a anticipar y planificar experiencias pastorales.

Aquí está la primera llamada. La de reconocer con honestidad que nos enfrentamos a un nuevo desafío. Estamos, en primer lugar, llamados por el Señor de la viña a asumir con calma y compromiso la invitación a caminar en este territorio desconocido. Estamos llamados a explorar y arar juntos con la certeza de que es Él, y sólo Él, el Señor de la historia, quien nos pide habitar este espacio «desierto» como su espacio, aquí y ahora. Nuestra actitud, y la que estamos llamados a compartir con todos nuestros compañeros de camino, es ser generosos, no encerrarnos en un laberinto asfixiante, lleno de quejas y lamentaciones por las cebollas de Egipto.

  • He aquí la segunda reflexión – Tratemos de juntar lo poco que tenemos, que hasta ayer creíamos que no servía para nada, o que tenía muy poco valor. Reunamos y juntemos lo que tenemos: los cinco panes y los dos peces. Parece algo trivial, y de hecho lo es. Pero eso es todo lo que tenemos. Eso es lo que el Señor Jesús nos está pidiendo, lo que somos capaces de reunir. No tenemos derecho a guardarlo para nosotros. Si es útil para algo, sólo es útil en la medida en que lo damos, sin apegarnos tacarnos a nosotros mismos y sin sentirnos condicionados por el hecho de que sea en la práctica para nosotros esto significa no sólo ser generosos en nuestra «pobreza» sino también serhumildes en nuestro deseo de hacer lo mejor que podamos. Humanamente nos puede parecer que no es suficiente loque podemos hacer. De manera más práctica y explícita, en la época de Covid-19 estamos llamados a generar, con los pocos recursos disponibles, aquellos procesos que son posibles, a explotar aquellos espacios que están disponibles aunque todo nos parezca reducido y limitado. Lo que podemos ofrecer, hagámoslo desde un corazón generoso perotambién humilde. Nuestros cinco panes y dos peces son el patrimonio que queda y que estamos dispuestos a dar como regalo a la multitud.

La generosidad y la humildad que «nos ponen en los zapatos» de nuestros jóvenes, de sus familias, nos hace entrar en la historia de nuestros colaboradores y nuestros animadores. Ellos no esperan, y mucho menos merecen, que les digamos: «Váyanse a los pueblos». Nosotros y ellos sabemos que si los mandamos a los pueblos de la desesperación, de la pobreza humana y afectiva, o tal vez, a los de los abusos, no encontrarán nada, y nadie. Lo que nos parece poco, en sus manos toma otra forma. De las manos de Jesús nuestro «poco» se convierte en «mucho»,nuestra «pobreza» se convierte en «providencia», de hecho se convierte en «abundancia» para nuestros jóvenes, sus familias y nuestros amigos!

  • La tercera reflexión: mantener vivo y claro el objetivo final de nuestra misión.

Estamos llamados a asumir la visión que Jesús trató de comunicar a sus discípulos: mirar la realidad de manera integral. Habiendo tenido compasión por la multitud, habiéndoles enseñado muchas cosas, Jesús también pide a sus discípulos que lo apuesten todo por el bien de los demás. El «éxito» de su misión, que antes de la multiplicación de los panes que compartían con Jesús, se pone ahora a prueba. El barco no seconstruye y se lanza para permanecer en el puerto. Ser pastores salesianos de los jóvenes sería una ilusión si sólo tuviera que enfrentarse a la falsa tranquilidad del sereno mar de la vida. Los momentos de crisis, como fue el caso deDon Bosco en el momento de la peste en Turín en 1854, son aquellos en los que el oro pasa por la prueba de fuego, dando así una confirmación o no de su consistencia.

Lo poco que tenemos lo queremos dar como expresión de nuestra determinación de amar a los jóvenes, de la misma manera convencida de siempre, con la misma alegría y la misma fe. «La salvación de los jóvenes» la expresamosen el regalo de los cinco panes y dos peces que entregamos en las manos del Señor, seguros de que en sus manos se convierten en la medicina que sostiene la fibra de los corazones de los jóvenes.

A este «propósito misionero» no ofrecemos resistencia, no nos dejamos guiar ni por el miedo ni por el desánimo. La centralidad de la persona del joven, su bien integral, sigue siendo un punto fijo que nos sirve de brújula en nuestra «pobreza generosa»!

 

2.     TENTACIONES

A partir de esta lectura del Evangelio, tenemos que aceptar algunas dimensiones de nuestras vidas que no deben ser subestimadas porque son parte de nuestra humanidad.

  • Es importante que seamos conscientes del miedo y la incertidumbre que nos rodea por todos lados, y no sólo dentro de nuestras propias comunidades. No deben tomarse a la ligera, especialmente cuando sabemos que algunas personas, laicas y consagradas, han experimentado la pandemia muy de cerca, ya sea personalmente o en sus familias. A medida que nos adaptamos a estas dimensiones, se nos invita a encontrar el coraje para manejarlas con gran prudencia y pleno respeto a los protocolos. El miedo y la incertidumbre no se irán, pero podemos encontrar maneras a través de las cuales estos no se conviertan a su vez en nuestros.

Otro aspecto que puede afectar a nuestra misión es el peligro de cierre e inercia. Con la motivación deesperar tiempos mejores, nos arriesgamos a postergar Al hacerlo y sin saberlo, facilitaríamos esa sensación de que «podemos vivir sin ti si en el momento crítico te retiras». ”La respuesta nunca puede ser un retiro que cause distancia emocional. Tampoco puede ser el de la ligereza peligrosa. Atreverse a compartir lo poco, aunque no sea suficiente, nos hace evitar el camino que nos aleja permanentemente, sabiendo que los jóvenes también aprecian y piden lo poco. De alguna manera, los que reciben lo que nos parece poco, los destinatarios de nuestra generosidad, aprecian lo que compartimos de una manera mucho más profunda de lo que nos valoramos a nosotros mismos. Por esta razón, no es el momento de «jugar al Pilatos de turno», dando la espalda y alejándose.

  • Otra tentación es la actitud defensiva y pesimista. Esta tentación, de manera muy solapada, refuerza las anteriores con el pretexto de «debemos ser muy cuidadosos». Ciertamente nunca debemos perder nuestracomprensión del bien común, la protección de la salud, que siempre y en todo momento debe ser promovida y Sin embargo, también hay que tener en cuenta que esta insistencia debe ser perseguida con cierto equilibrio,pues de lo contrario se corre el riesgo de ocultar la trampa de la falta de creatividad pastoral, de la lenta evaporación del deseo de hacer todo lo posible, aunque sea poco.

 

3.     FE Y PERSPECTIVA

 

Paso a compartir algunas preguntas. Las ofrezco como ideas que pueden ayudarnos a encontrar y dar sentido a este extraño y difícil momento para todos.

La primera pregunta es esta: a nivel personal, a nivel de gobierno de nuestras inspectorías, grupos y asociaciones: ¿cuál es el microclima, el ecosistema que nos está dando «luz» y «alimento»? En momentos de crisis, es esencial preguntarse: ¿de dónde nutrimos nuestro corazón pastoral para poder leer los signos de los tiempos? ¿A la luz y con la fuerza de quién y de qué cosa, nosotros estamos contemplando la historia, la nuestra, la de los jóvenes, la de los colaboradores y las familias? Para ser más precisos: en nuestros encuentros de gobierno y animación, de reflexión, de estudio y de planificación, ¿qué espacio hemos dado y/o estamos dando a la Palabra de Dios¿para nosotros, es una prioridad escuchar lo que Él tiene que decirnos?

La perspectiva de la fe no implica una obligación de espiritualizar el desafío que enfrentamos. ¡Al revés! Es precisamente colocar el desafío en sí mismo, junto con nuestra determinación de enfrentarlo, a la luz de la Palabra. Cuando hablamos de la fe como perspectiva, no estamos relegando el tiempo y la historia a una mera coincidenciacronológica y geográfica. Leer la vida en su amplitud a la luz de la fe significa que encontramos el tiempo y la historia a la luz de la fe, a la luz de esa experiencia que nos recuerda el ahora de El ahora no es primordial y únicamente nuestro. También es el de los jóvenes.

De una manera un tanto fuerte, podemos decir que no nos corresponde a nosotros encontrar soluciones aesta crisis! Porque no se trata de soluciones. Debemos darle a Él el espacio para que nos ayude a descubrir el caminoque tiene para nosotros en este territorio sin precedentes e inexplorado. Aquí no tenemos un «problema» por resolver, sino un «camino» por descubrir, siempre con su ayuda. Y con su ayuda podemos asumirlo, hacerlo nuestro.

He aquí, pues, la invitación a un gobierno y una animación pastoral que den primacía a ese intercambio entre la fe y la vida que no puede reducirse a un «momento» de oración. ¡Sólo en la medida en que la fe es vida y está viva, nuestra vida emerge como una vida de fe! Y la fe se convierte en vida si surge como el alimento de esta última. Enesta crisis de Covid-19 se nos pide que hagamos un «reset» a favor de la centralidad de la Palabra de Dios y la vivencia de los Sacramentos.

En la película «Hombres de Dios«. En un momento dado, ante las amenazas recibidas de los terroristas, surge la posibilidad de que los monjes se vayan. Una mujer, ante la posibilidad de su partida, inicia un diálogo con el monje que es médico. Él, un anciano, con muchas dolencias, con pocas medicinas disponibles… hace lo que puede. La mujer le dice «… tú eres la rama y nosotros somos los pájaros que se paran a descansar en ella. ¿Adónde iríamos si la rama se fuera?». Así, esa presencia difícil y arriesgada para la vida de los monjes era una presencia que comunicaba una fe viva, precisamente porque esos monjes vivían alimentados por la fe. La película en su conjunto sólo confirma que el discernimiento no fue, no es y nunca será fácil.

Lo que nos lleva a la pregunta, «¿Dónde y cómo encaja Dios en todo esto? ”. Nuestra planificación pastoral, la llamada a ser creativos en la situación actual, no puede distanciarnos o alienarnos de la fuente Está claro quesiempre existe el peligro de una dicotomía que ve nuestra consagración como paralela a nuestra respuesta en la época de Covid-19. Este peligro siempre ha existido incluso en los tiempos llamados «normales». La nuestra es una llamada a ofrecer una respuesta que viene de nuestra propia consagración. La experiencia de la comunidad religiosa no es sólo un espacio físico, sino un espacio místico. La experiencia de la comunidad educativa pastoral no es sólo un espacio defuncionalidad y eficiencia pastoral, sino de eficacia pastoral, de la que nace la dinámica del corazón del buen pastor. Desde este espacio místico y pastoralmente «cordial» llegamos a leer el tiempo como Dios lo ve y a interpretarlo según su voluntad.

El teólogo Johan Baptist Metz reflexiona sobre el misticismo de los ojos abiertos. ¿No es esto lo que nuestros fundadores vieron, vivieron y luego hicieron? Vemos en ellos a personas bien enraizadas en una relación vital e íntima con Dios. Descubrimos gente bien conectada con los desafíos de la época. Conocemos a gente decidida a hacer su parte sin «si» o «pero». Nos alienta el hecho de que eran personas cuya pobreza material nunca los llevó a la miseria humana. Nos alegra contemplar a personas que, sostenidas por la gracia de la unidad, podrían abrir caminos y ofrecer experiencias hasta ahora impensables humanamente.

El cardenal Basil Hume tiene una reflexión muy propicia para nuestro Dice que los monjes son como la gente que espera en una parada de autobús. A los que pasan se les da el mensaje de que el autobús está llegando. Lo mismo se aplica o debería aplicarse a nosotros hoy en día. Nuestra presencia en el campo de la educación es comola parada de autobús. Estamos allí para decir que el viaje continúa. También podemos compararlo con la tienda de un pastor. Nuestra tienda está ahí para proporcionar la oportunidad de dirigir, cuidar y proteger el rebaño. Que nadie se pierda. Lo que también significa: ¡ay del pastor que se encierra en la tienda!

La perspectiva de la fe da sentido a nuestra oración así como a nuestro testimonio. Dice el «por qué» y el «para quién» estamos ahí, presentes, atentos, cuidadosos. Y sin la intención de encerrarnos, y sin motivos para retirarnos. Estamos allí no sólo viviendo la súplica a Dios, sino también comunicando la compasión y la bienvenida a nuestras hermanasy hermanos. Nuestra presencia no es sólo física, sino también espiritual y por lo tanto pastoral. En un momento en el que el sufrimiento oculto de losdébiles, los menores, aumenta, nuestra presencia es una «presencia fiel«, que con la palabra y el ejemplo libera la esperanza y la caridad.

4.     DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES

En los últimos meses he tenido la oportunidad de reunirme con varios agentes pastorales, y juntos hemos reflexionado sobre la forma en que estamos tratando de hacer frente a la situación actual. La sensación de miedo, soledad e incertidumbre surgió inmediatamente en el compartir. Pero lo que también salió fue el deseo de reaccionar, de no permitir que la resignación tenga la última palabra.

De varios agentes pastorales, sacerdotes, religiosos y laicos surge un aspecto de la pastoral que quizás hasta ahora no hemos prestado suficiente atención. Me refiero a esa actitud que -antes de pensar en lo que tenemos que hacer- nos impulsa a intentar, en primer lugar, comprender, escuchar, sentir la historia y la situación de nuestros niños y jóvenes, de nuestros compañeros de trabajo, familias y personas vulnerables. Siento que esta atención a la experiencia vivida nos ayuda a poner a la persona en el centro con su historia, sus alegrías y sus penas, pero tambiéncon el deseo loco de salir, de reunirse, de ser escuchados y de ser Aquí veo una primera oportunidad con una doble característica.

En primer lugar, tratemos de fomentar esta actitud personal contemplativa de la historia en nuestros jóvenes, para llevarlos a nuestra oración, a nuestras discusiones. Intentemos escuchar el profundo clamor por una cierta humanización de nuestras propuestas. «Estudiemos bien para hacernos amar» en primer lugar a través del descubrimiento de esa gran necesidad que tienen de sentirse acogidos, y escuchados. Démonos cuenta de que Covid-19 ha herido esa imagen de «hogar» que ya no será la misma para muchos de nuestros niños y jóvenes.

Esta es la primera responsabilidad sobre nuestras espaldas. Comprometerse a mirar el rostro de los jóvenes, a contemplar su historia con el corazón del buen pastor. No porque no lo hayamos hecho antes, no, simplemente porque nos estamos dando cuenta de que ahora esta forma de ponernos al lado de ellos, con ellos y para ellos, viene a hacer que nos encontremos y sintamos esa profunda dimensión afectiva que exige una fuerte cercanía, compasión, empatía. Para algunos de nuestros jóvenes esto no se da en absoluto por descontado.

La segunda característica consiste en cuidar bien las propuestas no sólo desde el punto de vista del contenido, sino sobre todo desde el punto de vista del método. En una situación en la que la distancia social y físicacorre el riesgo de convertirse en distancia afectiva, en pleno y total respeto de los protocolos, tenemos que adivinar formas y estilos de caminar juntos que alcanzan la gran y profunda necesidad de los jóvenes de sentirse acompañados, de sentirse en «familia». Considerando cómo algunos han experimentado el «lockdown» – encierro, surge de manera evidente que el grupo se conviertecada vez más en la «verdadera familia». Por lo tanto, la atención a las dinámicas de grupo, el cómo ofrecer propuestas pastorales, no sólo se refiere a la naturaleza «eficiente» de los procesos, sino principalmente al deseo y la búsqueda de una pastoral que toque el corazón, que llegue a la necesidad de estar con los demás.

Otra gran oportunidad es la de nuestro testimonio como consagrados junto con tantos laicos con los quecompartimos la misión. Nuestra respuesta dice que una vida compartida, basada en la fe y los valores del Evangelio, es todavía capaz de hacer un hermoso y significativo aporte humano. En un momento en el que los párrocos a nivel parroquial están notando una disminución de la participación en la vida de la Iglesia, nuestras presencias tienen la oportunidad de mantener viva la comunicación comunitaria del mensaje cristiano porque seguimos estando cerca de lagente, tanto de los habitualmente cercanos como de los alejados de la experiencia Que la Pastoral Juvenil sea una oportunidad para preguntarnos cómo dar más vida a nuestros caminos, sabiendo que en esta época de pandemia todo está experimentando un ritmo más lento.

Aquí es donde el tema de la familia entra en Teniendo en cuenta el esfuerzo que la Iglesia y también nosotros como Familia Salesiana estamos haciendo para vivir una pastoral juvenil en la que la familia es laprotagonista y no sólo el objeto de la atención pastoral, nuestros equipos de pastoral están llamados a reflexionar sobre la manera de responder a la familia y los diversos desafíos que tiene que afrontar. Se trata, en primer lugar, de lapobreza material, que en la mayoría de los casos está oculta y puede ser incluso una fuente de vergüenza para quienes la experimentan y tienen que sufrirla. Pero también estamos hablando de la pobreza educativa, la falta de recursos así como la falta de capacidad para educar a los hijos en el tiempo de la educación on-line.

Añadimos el doloroso flagelo de la pobreza afectiva, emocional, junto con situaciones de violencia y abusosde diversa índole que, lamentablemente -como demuestran las investigaciones- van en Se trata de desafíosque ya existían antes del Covid-19, pero que lamentablemente se han acentuado en los últimos meses. La perspectiva de la fe en este nuevo escenario debería ayudarnos a ser más sensibles a estas historias, que se convierten en oportunidades para una renovada respuesta pastoral. Es posible que en muchos casos de muchachos y jóvenes pobres y vulnerables, la única oportunidad que tengan sea el espacio que logremos promover para ellos: espacio para escuchar, espacio para curar pero también espacio para proteger.

CONCLUSIÓN

En estos días fui a leer sobre la experiencia del cólera en Turín en 1854. El volumen V de las Memorias Biográficas tiene páginas muy hermosas, y también con relatos muy vivos. Hay varias impresiones que estas páginas dejan en mí. Mencionaré algunos de ellos.

En primer lugar, la capacidad de Don Bosco de sentirse «desafiado» por este trágico acontecimiento. Noaparece para nada en su ánimo ninguna reacción temerosa o actitud defensiva. Don Bosco no se encerró en su propiomundo y no interpretó el desafío de manera ego-céntrica. Así que podemos ver claramente cómo en la experiencia del oratorio Don Bosco evita el peligro de promover una vida paralela a la que afectaba a Turín. Su atención y su conexión con la experiencia de la ciudad la transmitió a sus muchachos. Su camino estaba encaminado a superar distancias de todo tipo.

Además, se puede ver claramente cómo Don Bosco fue capaz de hacerse un siervo listo y cercano a la población afectada. Su acción, aunque humilde y pobre, fue muy generosa. Marcada por una completa y totaldisponibilidad. Una presencia capaz de comunicar compasión y ánimo. Una dedicación sostenida por una gran confianzaa María, Salus infirmorum. Su respuesta siempre la veía e la interpretaba a la luz de la fe. Y esta forma de estar disponible contagiaba a los jóvenes.

Por eso, llama la atención, sorprendente cómo se las arregla para involucrar a los jóvenes. Pidiéndoles que ofrecieran este servicio de caridad a los pobres y los enfermos, como él lo estaba viviendo. Los prepara espiritualmente pero también les da una formación básica de enfermería para que puedan enfrentar la enfermedad con una cierta preparación.

Lo mismo se aplica en la atención a la prudencia en la organización de los ambientes del oratorio, así como a la garantía de las condiciones higiénicas necesarias para salvaguardar la salud de sus jóvenes, evitando exponerlos apeligros que podrían haber sido previstos y, por consiguiente, evitados.

Por último, su capacidad para establecer una red con aquellos que estaban presentes y activos en el campo: otros sacerdotes, autoridades locales, la propia Iglesia con sus instituciones.

Estas son algunas cosas que arrojan luz sobre lo que estamos haciendo y también pueden iluminarnos.

Concluyo con una breve cita del discurso que el Papa Francisco dio en un mensaje de vídeo con motivo de la 75ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 25 de septiembre de 2020:

La pandemia nos llama, de hecho, «a captar este tiempo de prueba como un tiempo de elección». …el tiempo para elegir lo que cuenta y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es» 1. Puede ser una verdadera oportunidad para la conversión, para la transformación, para repensar nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos y sociales, que están aumentando las distancias entre los pobres y los ricos, como resultado de una injusta distribución de los recursos. Pero también puede ser una posibilidad para una «retirada defensiva» con características individualistas y elitistas.

Es un discurso que vale la pena leer y estudiar porque toca el tema de la educación de una manera que nos desafía directamente. Es un discurso que ofrece un panorama muy amplio de lo que la pandemia ha movido y traído a la superficie. Aquí me gustaría centrarme en la verdadera oportunidad (que tenemos) «para la conversión, la transformación, para repensar nuestra forma de vida«. Que este período sea un tiempo fecundo de purificación y relanzamiento del carisma salesiano para el bien de los jóvenes, especialmente los más pobres, los más necesitados y los más vulnerables.

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1 Meditación durante el tiempo extraordinario de oración en tiempo de pandemia, 27 de marzo de 2020. (Las palabras en negrita son mías)

 

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