Abstinencia de palabras e imágenes

1 marzo 2010

VER

Estamos saturados de imágenes, palabras, informaciones, ruido y activismo. Se hace difícil darnos tiempo para el silencio, la reflexión, la soledad, la serenidad interior.
Con la rápida extensión de internet, tienes acceso a todo lo que quieras, desde investigaciones científicas y entretenimiento, hasta las cosas más irreales y negativas. Te comunicas con quien quieras, pero puedes encerrarte en ese mundo y aislarte de tu familia.
En una reunión con niños de la Costa de Chiapas, les pregunté cuántas horas al día veían televisión. La mayoría, tres y cuatro. Uno dijo que, en vacaciones, pasaba siete horas ante el televisor. Apenas despiertan, muchos encienden la radio o la televisión, y casi no la apagan hasta la noche. Con los audífonos pegados casi todo el día, los jóvenes se abstraen de lo que pasa; nada ni nadie les importa, más que su música. Se empeñan por tener el aparato más moderno y con más capacidad de memoria, al que le caben miles de melodías, y con el que tienen una gran variedad de opciones. En ello se refugian, para no pensar, no analizar, no reflexionar. Les fascinan las discotecas, donde el volumen invade todo su ser. Huyen del silencio, porque quizá les aterra su vacío interior.
JUZGAR
La Cuaresma es tiempo propicio para la soledad, el silencio, la oración. Jesús se fue al desierto por cuarenta días, igual que Moisés y Elías. Durante su intensa actividad apostólica, siempre buscaba tiempos y lugares para apartarse y estar a solas con su Padre.
La abstinencia que la Iglesia propone no es sólo de carnes (el pollo también es carne), para engrosar el capital de quienes comercian con el pescado y los mariscos, sino el esfuerzo por abstenerse de todo pecado, y una forma de lograrlo es disciplinar el espíritu. Un modo muy concreto sería abstenerse unas horas de ver televisión, de estar pegados a internet, de escuchar y leer tanta información, para estar a solas y pensar, leer la Biblia y comunicarse con Dios (esto es orar).
Al respecto, decía el Papa Benedicto XVI al clero de Roma: «Vivimos en una inflación de palabras, de imágenes… El tiempo de Cuaresma cobra un nuevo significado. Ciertamente, el ayuno corporal, durante algún tiempo considerado pasado de moda, hoy se presenta a todos como necesario. No es difícil comprender que debemos ayunar. A veces nos encontramos ante ciertas exageraciones debidas a un ideal de belleza equivocado. Pero, en cualquier caso, el ayuno corporal es importante, porque somos cuerpo y alma, y la disciplina del cuerpo, también la disciplina material, es importante para la vida espiritual».
El ayuno corporal debe ser revalorado. Muchos papás ceden a los caprichos de los hijos y les cumplen todos sus gustos. Así, los perjudican gravemente, porque no les enseñan a controlar las tendencias negativas. Abstenerse de una golosina, de una paleta, de un refresco, es un aprendizaje para abstenernos de pecados, de odios, de perezas y de nuestras debilidades. Si hay quienes ayunan sólo por cuidar su figura corporal, con más razón hemos de ayunar para mantenernos en forma espiritual.
Dice el Papa: «El tiempo de Cuaresma podría ser también un tiempo de ayuno de palabras y de imágenes. Necesitamos un poco de silencio, necesitamos un espacio sin el bombardeo permanente de imágenes…, crearnos espacios de silencio y también sin imágenes, para volver a abrir nuestro corazón a la imagen verdadera y a la palabra verdadera», que es Cristo.
ACTUAR
¿En qué está consistiendo tu Cuaresma? Para revisar y reforzar nuestra identidad cristiana, hay que buscar momentos de silencio, en casa, en un templo, en otro lugar.

Termina el Papa: «La educación cristiana tiene la tarea importante de librarnos de las palabras por la Palabra, que exige continuamente espacios de silencio, de meditación, de profundización, de abstinencia, de disciplina». Necesitamos «una liberación siempre nueva de las demasiadas palabras, de las demasiadas imágenes, para redescubrir las imágenes esenciales que nos son necesarias. Dios mismo nos ha mostrado su imagen», en Cristo Jesús. Acerquémonos a Él y nuestra vida será otra.

 

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

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