Del monacato budista al sacerdocio católico

1 noviembre 2007

Atraído por «la belleza del perdón, la alegría de servir a los demás» y la salvación de Jesús Resucitado, Nihal Ragatunga, que inicialmente estudiaba para ser monje budista, emprendió el camino al cristianismo. Ordenado sacerdote hace pocos años, es el primer religioso de la Orden de San Camilo originario de Sri Lanka. «El sufrimiento no me ha faltado nunca, pero en cierto momento, sin que yo sepa aún cómo ni por qué, hallé la alegría y la riqueza de la fe y del sacerdocio», admite el padre Ranatunga, de 45 años.
Nació cerca de la capital de Sri Lanka -Colombo-, en Ragama. Su origen es cingalés. Nihal era su nombre antes del bautismo. Quinto de seis hermanos, creció en una familia budista muy pobre; pronto faltó su padre.
Desde la adolescencia Nihal sintió el deseo de hacerse monje en el ámbito de su credo. «Tras la muerte de mi padre -recuerda- mi familia ya no podía mantenernos a todos y me llevaron al pueblo de Ekala, a una familia católica que me acogió para servicios domésticos. En Ekala empecé a buscar al Señor; iba a escondidas a la parroquia local, dedicada a San Maximiliano Kolbe; sencillamente tenía curiosidad, sentía bienestar cuando estaba entre aquellos muros y después de algún tiempo me encontré, con estupor, rezando a la Virgen».
El sacerdote reconoce que habla de «estupor» porque, cuando todavía estudiaba para ser monje budista, experimentaba «total aversión al cristianismo».
Poco a poco Nihal empezó a hacer amigos, a ir a misa; pero tenía muchas dudas: «No entendía quién era este Dios de los cristianos, pero seguí yendo a la iglesia sin hacerme demasiadas preguntas».
«No sé decir con exactitud qué me llevó al cristianismo desde el budismo; de alguna manera me siento elegido: instintivamente empecé a orar y la fe, como el amor, nace también sin explicación».
«Del cristianismo me atraía la belleza del perdón, la alegría de servir a los demás. En el budismo debes buscar solo tu salvación y no tienes garantías de obtenerla, mientras que para nosotros, los cristianos, la salvación es Jesús resucitado -puntualiza-. En los momentos de dolor esto te ayuda a tener fuerza».
Después de cinco años volvió a su hogar, a Ragama; tras seis meses de catequesis pidió el bautismo. Desde ese momento el camino al sacerdocio se hizo más bien cuesta arriba. La vocación fue inmediata, pero problemas de salud y encuentros equivocados obstaculizaron el camino del joven cingalés.
Perseverando en su llamada, llegó a Italia en 1992. En San Giovanni Rotondo conoció a las religiosas y sacerdotes de la Orden de San Camilo, «atraído por la Cruz roja que llevan, por el símbolo de la completa dedicación a la asistencia de los enfermos».
A los dos años ingresó en el seminario; a continuación, perdió un ojo en un accidente. «En cualquier caso, seguí estudiando ocho años, hasta que fui ordenado sacerdote en julio de 2004, una satisfacción enorme», subraya el padre Maximiliano, nombre que Nihal había tomado en su bautismo, dado que su conversión se había iniciado en una parroquia dedicada al santo mártir de Auschwitz.
Su recuerdo más bello es la celebración de la primera misa en Sri Lanka, en la parroquia de San Judas Tadeo. Acudió toda su familia, incluso su hermano mayor, que había sido el más contrario a su conversión. Igualmente estuvo presente en el rito el monje del templo local en un clima de fiesta y de armonía.
Actualmente el padre Maximiliano N. Ranatunga es uno de los seis capellanes del hospital de San Camilo en Roma (Italia) y atiende pastoralmente también a la comunidad de compatriotas presentes en la Ciudad Eterna.

ZENIT.org

ROMA/COLOMBO, 2 mayo 2007

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