EL CAPÍTULO GENERAL 23 DE LOS SALESIANOS COMO PROPUESTA DE UN MODELO DE PASTORAL JUVENIL

1 julio 2003

Ricardo Tonelli
 
Ricardo Tonelli, salesiano profesor de la Universidad Salesiana de Roma (UPS), es experto en Pastoral Juvenil
 
Síntesis
El autor resume las aportaciones del Capítulo General XXIII de la Congregación Salesiana, celebrado en 1990. Pese al tiempo transcurrido, dicho capítulo dio pistas que siguen siendo muy interesantes a la hora de buscar caminos futuros para la pastoral juvenil sobre todo estas tres: el amor como acogida incondicional de los jóvenes, valorar los procesos e itinerarios de educación en la y presentar un modelo original de espiritualidad para la vida cotidiana.
 
La reflexión sobre la aportación original de los documentos conclusivos del Capítulo General de la Congregación Salesiana (CG23, 1990) a la pastoral juvenil puede realizarse desde muchos y diferentes puntos de vista. El punto de vista histórico analiza su desarrollo y el político su incidencia. Es posible una lectura de los documentos para conocer su pensamiento en síntesis o para comprobar su génesis o sus fuentes.
 
Si se me ha confiado este estudio, imagino que no interesan ninguna de esas perspectivas… sino que hay en mente otra cosa. ¿Cuál? Lo digo enseguida, justificando el carácter particular de las notas que seguirán.
 
Me intereso por la pastoral juvenil o, en otras palabras, por la actividad que la comunidad eclesial realiza para poner en acto la gran experiencia de salvación, de vida y de esperanza, comunicada por Dios en Jesús. Sobre estas diferentes actividades es necesario reflexionar, para captar orientaciones, esperanzas, perspectivas, motivaciones. La pastoral juvenil es praxis y también, como es mi caso, reflexión sobre la praxis.
 
Estudiar el CG23 desde este punto de vista significa, para mí, comprobar si desde esta gran experiencia carismática, concentrada totalmente en torno a una propuesta de educación de los jóvenes en la fe para nuestro tiempo, resultan indicaciones interesantes para los que están junto a los jóvenes con una motivación eclesial.
 

  1. El carisma salesiano en el pluralismo de modelos

 
Hoy son muchísimos los que se preocupan por los jóvenes, de modo serio y habitual. Así pues, en la Iglesia la praxis y reflexión sobre pastoral juvenil es amplia y está consolidada.
 
Sin embargo, basta mirar alrededor con una pizca de sentido crítico y se descubre fácilmente que el consenso entre los que creen en la pastoral juvenil y se comprometen en realizar acciones serias… no es precisamente idílico. El estilo, las opciones, las perspectivas son con frecuencia muy diversas.
 
1.1 Una pastoral juvenil eclesial marcada por el pluralismo.
 
Con una expresión técnica se dice que hoy se da un pluralismo de modelos. Y no se trata ciertamente de un pluralismo meramente formal, como ese que se da cuando usamos sinónimos para decir lo mismo. En la raíz de dicho pluralismo hay opciones teológicas y antropológicas muy diferentes. Se da, pues, un modo de comprender el misterio de Dios y lo que es el ser humano ciertamente poco homogéneo.
 
No se supera desde luego el pluralismo con la invitación, más o menos matizada, a ponerse de acuerdo a toda costa ni, aún menos, con la obligación forzosa de hacer todos las mismas opciones. Se trata más bien de descubrir qué hay en el origen de la diversidad de opciones y cómo es posible encontrar razones de verificación y de convergencia más decisivas.
 
Los acentos diversos de la acción pastoral responden a las diferentes sensibilidades, a las urgencias que el contexto nos lanza, a esa pasión por la causa de Jesús, irreducible a fórmulas esquemáticas. Este pluralismo operativo es expresión de riqueza y da idea de lo grande que es el acontecimiento al que queremos servir y pobre nuestra modalidad de servicio. Dios y el hombre son un misterio tan grande que ninguna expresión –ni verbal ni práctica- es capaz de comprenderlo, describirlo, servirlo adecuadamente.
 
Sin embargo no es suficiente constatar este importante hecho práctico. Si queremos trabajar juntos, para afrontar problemas que son urgentes y dramáticos, es indispensable llegar a puntos de acuerdo, desde los que se puedan juzgar y valorar las orientaciones personales. Estos puntos absolutos son siempre unos pocos. Los puntos relativos y funcionales, además, son igualmente importantes, porque nos permiten hacer de la diferencia una aportación, recíprocamente enriquecedora, hacia la unidad.
 
En este nivel se sitúa el tema que estamos estudiando.
 
1.2 El carisma salesiano.
 
Los capítulos generales de las congregaciones religiosas afrontan con frecuencia problemas institucionales. En este caso sus miembros se dirigen a sí mismos y, como mucho, a aquellos que tienen las mismas preocupaciones. El CG23, en cambio, afronta directa y explícitamente el tema de la pastoral juvenil, como proclama su mismo título: Educar a los jóvenes en la fe. Sobre todo, a través de una serie de sugerencias originales y preciosas, estimula un punto de vista concreto y se posiciona con precisión entre los diversos modelos presentes hoy en el panorama eclesial.
 
Hay que decir enseguida una cosa, para evitar que su manera de afrontar las cuestiones sea utilizada para bloquear la búsqueda y la experimentación y, sobre todo, que justifique generalizaciones infundadas. Los documentos del CG23 se refieren a la Congregación Salesiana; son propuestas normativas, por tanto, sólo para ella, comprometida en fortalecer los criterios prácticos que representan hoy la única vía transitable para trabajar juntos en un tiempo de pluralismo no sólo formal.
 
No obstante, el carisma salesiano es un don del Espíritu de Jesús a todas las personas comprometidas seriamente en favor de los jóvenes, en el servicio pleno a su vida y en consolidar su esperanza, en la Iglesia. El fundamento carismático está asegurado por la presencia especial del Espíritu en el origen de la experiencia de Don Bosco, en las vivencias de los orígenes, y en el largo camino de las personas que hacen la Congregación.
 
Esta gran experiencia representa un motivo de reflexión singular para los que hoy se preguntan por la pastoral juvenil. No dice qué hacer o qué evitar… a no ser de modo muy genérico, aún para la misma Congregación Salesiana. Pero señala un modo de amar y servir a los jóvenes que tiene una gran fuerza orientativa, por la autoridad carismática de quien la propone y por la aportación de una larga y consolidada trayectoria.
 
De ahí que pretenda ofrecerun criterio orientativo en el pluralismo de los modelos, teóricos y prácticos, de pastoral juvenil: un modo de ser y de hacer que puede aportar orientaciones al que busca un mapa conceptual serio y consolidado, para moverse prudentemente en medio del pluralismo. Eso no sugiere sólo vagamente hacer algo por los jóvenes, a propósito de su vida y de su esperanza en el nombre de Jesús. Sugiere también cómo hacerlo, para actuar bien, de modo motivado y eficaz.
 
Esto es lo más significativo para proyectar el CG23 más allá de los confines de la Congregación.

  1. Algunas indicaciones concretas

 
La larga introducción anterior describe el horizonte en que propongo leer las notas que siguen. Ahora debo entrar en lo concreto, a través de una lectura interpretativa de los documentos del CG23. Se podrían decir muchas cosas a partir de ellos. Hay tres que me parecen las más originales (respecto al pluralismo) y decisivas (respecto a la construcción de los nuevos modelos de pastoral juvenil):
 

  • El «amor de acogida» a los jóvenes, que se hace escucha y reconocimiento.

 

  • La educación en la fe (en sus exigencias más radicales) en un marco de confianza, fundada teológicamente en encuentros educativos en todas los niveles del proceso.

 

  • Un modelo original de espiritualidad, para afrontar en serio las cuestiones espinosas de lo esencial de la vida cristiana.

 
Analizo estos tres temas.
 
2.1 Un amor sincero y acogedor con los jóvenes.
 
Lo primero que salta a la vista al leer el CG23 es su confianza fundamental en relación con el complejo mundo de los jóvenes: se les considera como una “posibilidad abierta”, superando ese modo de hacer tan difundido que les considera sobre todo como “problema”.
 
No es un cambio pequeño. Constituye un problema, en efecto, todo aquello que desilusiona las esperanzas de una persona. Pero también es problema el desfase que se da entre las esperanzas personales y las realizaciones. “Posibilidad abierta”, en cambio, quiere decir reconocimiento de lo que aporta novedad, incluso cuando cuestiona lo que parecía consolidado y asentado.
 
El CG23 se pone del lado de los jóvenes, los reconoce como una apuesta seria que apunta hacia el futuro y los acoge con pleno amor. No se trata de un modo de hacer simplista e impregnado de “juvenilización”. Una invitación atraviesa todo el documento, como una especie de filigrana escondida: la preocupación por mirar el mundo de los jóvenes “como educadores”, como personas que reconocen con alegría lo que existe, antes de cualquier evaluación, y que al mismo tiempo saben comprometerse siempre en su transformación, en un proyecto que está más allá de los hechos en bruto y que, en consecuencia, nos supera y nos fascina desde lejos. De ahí la preocupación constante por una lectura que sepa interpretar los hechos, para captar las principales tendencias, para escuchar el grito apenas susurrado, para hacer resonar los desafíos y las provocaciones que nos empujan a transformar la realidad existente.
 
En esta operación nos sostiene “la mirada de fe”. Esta expresión recuerda aquella capacidad, que proviene por entero de la fe confesada y vivida, que descubre la presencia de Dios en los recovecos de la historia, para llevar a cumplimiento los gérmenes de salvación, sembrados en ella a manos llenas. La “mirada de fe” no posee instrumentos especiales ni se imagina poder renunciar a los que utilizan los estudiosos de los hechos sociales y culturales. Más bien quiere leer en lo profundo de la realidad, para comprender los elementos que pueden escapar a una lectura sólo fenomenológica y que, en última instancia, precisan de esa actitud de esperanza que caracteriza la interpretación cristiana de la realidad.
 
El amor acogedor y el reconocimiento de los jóvenes, en clave educativa y en perspectiva esperanzada, empuja a confrontarse con ellos en la búsqueda de los retos que nos lanzan. La figura del “reto” redimensiona en parte el optimismo sobre las posibilidades y reconoce su ambivalencia constitutiva. Quien habla de “posibilidades” como “retos” constata que a menudo la realidad reclama el coraje de intervenciones fuertes y globales, para controlar las semillas de muerte que lleva dentro, y porque, con más frecuencia hoy día, nos impele a reconocer la limitación que atraviesa nuestro servicio y la impotencia que lo frena.
 
Aquí el CG23 ofrece una notable novedad con respecto a maneras de hacer hoy bastante extendidas. Estos años, en las comunidades eclesiales que se reconocen con responsabilidades especiales en cuanto toca a los jóvenes y su educación, se ha consolidado progresivamente una convicción: no podemos hacer ningún servicio a los jóvenes si antes no nos ponemos, con valentía y disponibilidad, a escucharlos.
 
Pero no siempre la mirada a la realidad se filtra desde los jóvenes. Se habla de ellos con expresiones solemnes y después se cede continuamente a la tentación de considerarlos un “problema” del que hay que defenderse y para cuya solución hay que encontrar remedios, más que una “posibilidad” valiosa que hay que acoger y con la cual confrontarse. Así las perspectivas de solución se piensan partiendo desde otras inspiraciones, y las estrategias recorren los senderos ya consolidados y asegurados, pensando más en aquello que hay que hacer a toda costa… que en su viabilidad real en la situación juvenil.
 
Otras veces, se piensa en los jóvenes como en los portadores, casi únicos, de esperanza, con la tentación de hacer coincidir lo que espontáneamente buscan y viven con la perspectiva segura hacia la que orientar estrategias y consensos. Y así la acción pastoral se vuelve resignada y, de hecho, corta de miras.
 
El CG23 invita a amar a los jóvenes, a todos los jóvenes sin prejuicios ni discriminaciones. Pero pide intervenir educativamente en sus vidas. Esta es la acogida incondicional, que se convierte en promocional, que actúa como raíz y razón de un buen proyecto de pastoral para una época como la que estamos viviendo, marcada por profundos e inéditos cambios culturales.


2.2. Una gran confianza en el encuentro con los jóvenes          
 
Una segunda aportación preciosa para quien se interesa por la pastoral juvenil proviene del modo concreto con que se resuelve, en mil opciones prácticas, la cuestión espinosa de la función de la educación en los procesos de educación en la fe.
 
La pastoral juvenil se asemeja mucho a la educación, y asume sus tareas y perspectivas. Pero no es sólo educación. Quiere anunciar que Jesús es el Señor y sólo en él podemos vivir plenamente y fundar nuestra esperanza. Por esto no puede contentarse nunca con hacer un servicio educativo óptimo, sino que se interroga continuamente por el significado, la urgencia y la razón de la evangelización.
 
Alguno, desde la orilla opuesta, critica la preocupación por aplicar las lógicas educativas en el ámbito de la fe. En ese caso, ¿no se reafirma quizá la prioridad indiscutible de la potencia del Espíritu y de las exigencias del anuncio?
 
Los estudiosos del asunto conocen la abundante bibliografía dedicada a este tema. También saben, por experiencia directa, que esta cuestión no se puede resolver sólo en el plano de la claridad teórica. Frente a las opciones concretas, cuando nos comprometemos en decidir qué decir y qué hacer, qué ritmo privilegiar y qué instrumentos utilizar, reaparece con fuerza el dilema: ¿Educación sí o educación no? ¿Hasta qué punto tomar en serio la lógica educativa? ¿Qué tipo de educación hacer propia: una resignada, las de propuestas fuertes y seguras, el predominio de la experiencia o de la racionalidad?
 
Aquí radica una de las razones más fuertes del pluralismo actual. Como ya he recordado, no es sólo formal: detrás subyace una manera de comprender a Dios y al ser humano y su encuentro recíproco.
 
El CG23 presenta su posición de modo preciso. Lo hace desde lo concreto. De hecho, propone el proceso de educación en la fe a los jóvenes, a los que reconoce como inestimable y valiosa posibilidad, a través de un itinerario gradual y progresivo. Parte de una acogida en su situación real, con el compromiso educativo de proporcionar a cada uno un nivel alto de maduración personal; inserta aquí el encuentro personal con Jesús en la Iglesia y la preocupación constante de verificar la calidad y la consistencia de esta experiencia; orienta todo el proceso hacia los niveles más altos de responsabilidad vocacional, de vida eclesial, de compromiso ético.
 
Pensar la vida cristiana como proceso de maduración personal progresiva es ya una seria opción educativa. Se muestra de modo explícito cuando son programadas las intervenciones educativas que pueden hilvanar y sostener el proceso y cuando en ellas prevalece la dimensión experiencial sobre la cognoscitiva.
 
Estas dos referencias merecen una atención particular, especialmente para captar mejor el reconocimiento de la función de la educación en los procesos de educación en la fe de los jóvenes.
 
2.2.1 Por qué un itinerario
 
El CG23 propone “itinerarios”. ¿Por qué? ¿Descarta la opción de trabajar mediante proyectos que en estos años se ha convertido en una conquista interesante para tantos educadores, o más bien la asume y amplía?
 
También a este nivel veo una aportación preciosa y original. Itinerario evoca todo lo que encierra en sí el término “proyecto”. Y favorece, como un catalizador, la dinamicidad de la vida.
 
La meta se piensa como progresión, articulada y orgánica, de metas intermedias que llevan ya en sí, de modo germinal, la meta global. Las intervenciones se imaginan no sólo en perspectiva funcional, como si fuesen los instrumentos de que cada uno se sirve para hacer progresar el proceso de maduración. Son más bien experiencias vividas, capaces de hacer recorrer el camino con la fuerza de propuesta que se reconoce en el hacer experiencia.
 
Los subrayados no son de poco peso. Quien piensa en el método con una lógica en que prevalece lo instrumental se da cuenta de que tiene a disposición un bagaje de “cosas”, más o menos amplio; y lo utiliza, seleccionando las que han dado buen resultado o buscando, en el fondo del baúl, las posibilidades inéditas para dar un viraje improvisado en el ritmo.
 
En el itinerario prevalece en cambio la subjetividad de los jóvenes, guiada y encauzada por la presencia, cercana y amable, del educador. Los recursos son aprovechados en recíproco intercambio y se valoran como pertinentes en la medida en que sirven para enlazar con experiencias nuevas. Adultos y jóvenes, juntos, caminan hacia una meta, haciendo experiencia de cuanto se ha consolidado, en la tensión y en el contacto con el que ya ha llegado, por parte del que aún se encuentra en el camino.
 
En el proyecto estas indicaciones son afirmadas a partir de buenos principios pedagógicos. En el itinerario se experimentan y se viven.
 
El itinerario es un proyecto que se hace progresivamente y que en cada fase de realización podemos considerar como ya realizado, aunque aún no plenamente. Los diversos movimientos representan expresiones parciales y provisionales de un todo, ya pleno y completo en cada etapa, aunque sea de manera germinal y siempre pendiente de un desarrollo posterior.
 
2.2.2 Qué itinerario
 
Itinerario es camino hacia una meta. La cualidad de la meta orienta las etapas progresivas. Las opciones de fondo de todo el proceso vienen dadas de raíz.
 
Aquí se manifiesta, de modo explícito, la confianza en los encuentros educativos y su preciso intercambio con la experiencia de fe.
 
La meta es la plenitud de vida: la maduración en humanidad que los creyentes reconocen posible sólo cuando uno sabe relacionar la propia hambre de vida y de felicidad con el misterio santo de Dios.
 
El itinerario, comprometido en la maduración de la vida según el proyecto existencial de evangelización en la comunidad eclesial, se articula en el CG23 en cuatro áreas sucesivas y complementarias.
 
La primera, se orienta a restituir la vida a cada uno en su autenticidad: del sí a la vida a ser consciente del límite que la atraviesa. Esta concienciación lleva a la invocación. El hombre que invoca es hombre plenamente vivo, devuelto por la pasión educadora de los creyentes a la alegría auténtica de la vida.
 
La segunda área busca ofrecer un fundamento afianzado en el testimonio del Señor y en el encuentro personal que él propone.
 
La tercera, propone descubrir la Iglesia, el compartir la vida con los que han conquistado una fe tan robusta que “mueve montañas”, que nos llena de vida y esperanza.
 
La cuarta área vuelve ahora a la vida cotidiana, desde la novedad experimentada en el encuentro con el Señor y en la compañía de la Iglesia. La vida es devuelta plena y abundante al que la busca con ansia, cuando se llega a experimentar que estamos en la vida sólo con la condición de saberla perder en favor de la vida de todos. Restituidos en la alegría de la vida, proclamamos “cómo” vivir.
 
2.2.3. La opción que está en la raíz
En la opción del itinerario se realiza una confrontación amplia entre educación y evangelización y una realización explícita de este encuentro par asegurar a cada uno por completo el fruto que la aportación del otro puede ofrecer.
 
La evangelización asume las exigencias de lo educativo, con disponibilidad y atención, superando toda tentación de instrumentalización. El pluralismo, a su vez, informa y atraviesa también la educación y la fragmenta en figuras diversas. La referencia antropológica supuesta no es indiferente para la calidad del servicio de promoción de la vida y de la esperanza a que tiende la educación. Esta busca por tanto una inspiración que la coloque plenamente de parte del lado de la vida y de la calidad.
 
Entre los diversos modelos desde los que se puede realizar la evangelización, el que cree en la educación prefiere aquellos en que se respeta mejor la preocupación por la gradualidad, desde la llamada a la responsabilidad. Esta se realiza siempre en una presencia acogedora, que hace de los gestos de cercanía, de servicio, d e promoción y de amor su palabra más convincente.
 
En un tiempo en que el conflicto entre culturas se da además siempre con relación a la calidad de vida, a la búsqueda del sentido y a las fundamentos de la esperanza, el que se compromete en la frontera de la educación reconoce que tiene una tarea que llena de alegría y de responsabilidad, atento a la vida y a su promoción.
 
La colaboración, teórica y práctica, con que actúa en el ámbito de la evangelización ayuda a inventar y experimentar modelos de existencia, capaces de decir hoy quién es el hombre y la mujer a cuyo servicio todos están llamados a entregarse.
 
2.3 Una espiritualidad para la vida cotidiana
 
Muchos jóvenes, en términos más o menos explícitos, se preguntan: ¿qué me ocurre si acepto la propuesta de vida cristiana y me entrego al proyecto de vida que en ella se contiene? Las expresiones, en su sabor existencial, característico de la sensibilidad actual, replantean la pregunta: “¿Quién es cristiano?”.
 
La respuesta no se puede dar repitiendo literalmente, aunque con algún ajuste rápido, lo que proviene de la tradición y de lo vivido por los que, en su vida, han elaborado una respuesta, quizá alta y comprometida, a la cuestión. Su propuesta, en efecto, siempre es el intento de mediar, concreta e históricamente, la decisión radical por Jesús de Nazaret y los modelos culturales del tiempo y lugar en que han vivido.
 
Nos damos cuenta, con bastante facilidad, de que no basta poner cualquier etiqueta evangélica a los modelos culturales dominantes. Estos con frecuencia contienen, desde la visión del mundo que tienen, bien poco de coincidencia con el evangelio y empujan a los discípulos de Jesús a reencontrar la valentía de los mártires, capaces de enfrentarse a las lógicas dominantes, incluso a costa de la propia vida.
 
No podemos relanzar el estilo de vida de muchos grandes cristianos, para no mezclar su ardor con los modelos culturales de su tiempo; pero tampoco podemos asumir, con excesiva desenvoltura, los modelos dominantes hoy, para no diluir la radicalidad evangélica.
 
Esta es el gran reto que el momento actual lanza a los discípulos de Jesús. Podemos ser cristianos y ofrecer a los jóvenes un proyecto de vida centrado en el Señor Jesús sólo si nos arriesgamos a conjugar, de modo nuevo, la fidelidad al evangelio y la fidelidad a nuestra época.
 
El CG23 intenta esto proponiendo un preciso y fascinante modelo de espiritualidad. No puedo entrar en él a fondo por razones evidentes de tiempo y espacio. Sólo quiero recordar dos constataciones, porque las considero importantes en la reflexión afrontada por esta aportación.
 
La propuesta que ofrece el CG23 retoma y relanza a toda la Congregación y, de algún modo, a todas las comunidades eclesiales comprometidas en la pastoral juvenil un camino vivido en estos últimos años por jóvenes y educadores juntos, en muchas partes del mundo. Dentro de la Congregación Salesiana hay una fuerte conciencia de que esta formidable experiencia es verdaderamente un regalo del Espíritu para la vida y esperanza de todos. Esto significa sustraer a los especialistas una tarea que con frecuencia tienden a acaparar… para reconducirla sobre la comunidad, capaz de estar atenta al Espíritu, experimentar, vivir y ofrecer.
 
La segunda nota se fija en las opciones de fondo del proyecto de espiritualidad. La espiritualidad es el descubrimiento alegre y consciente de la “presencia de Dios” en la existencia de cada persona. Y es afán por descifrar los signos de esta presencia, al mismo tiempo que compromiso por vivir la novedad de la experiencia del Espíritu de Jesús. En nuestro camino hacia Dios nos sale al paso en los avatares de nuestra vida cotidiana. ¿La debemos sortear y controlar, como un elemento que nos puede seducir con su fascinación y con sus preocupaciones, para alejarnos de aquello que estorba o, más bien, podemos “amar” esta nuestra vida, convencidos de que la presencia de Dios nos da completamente este privilegio? La respuesta es fuerte, precisa y valiente. La resumo con la indicación que el CG23 emplea como título: una espiritualidad de lo cotidiano.
 
El CG23 no considera terminado su trabajo. Este es un punto de partida: confiado a quien ama a los jóvenes y ama intensamente al Señor, puede convertirse en una bella historia, llena de amor a la vida y de gestos de esperanza, difundidos por todo el mundo, que se continúe escribiendo en la trama de compromisos de la vida cotidiana de todos.