HACIENDO LAS LABORES DEL CORAZÓN

1 junio 2010

Al igual que tu hogar requiere de unas atenciones diarias para que el polvo, la suciedad o el desorden no se conviertan en invitados de honor, al corazón le sucede algo muy parecido… Si no le prestas unos cuidados mínimos, corres el riesgo de que un día la tristeza, el sinsentido o la depresión se conviertan en “okupas” de tu corazón, con la enorme dificultad de deshacerte de tan perversos huéspedes…Por eso, amigo, te invito a que te pongas el mandil y dediques todos los días unos minutos a la limpieza del corazón… Verás cómo los resultados no tardan en llegar
  1.  Abre las ventanas

Lo primero que debes hacer es ventilar tu corazón. Dejar que el día de ayer, que esos pequeños o grandes errores desaparezcan, y respirar el aire puro cargado de nuevas oportunidades que el día de hoy te brinda a manos llenas.

  1. Pasa la aspiradora

Si en tu vivienda pasas gran parte de la jornada, en tu corazón vives las 24 horas del día. No te conformes con lo que se ve, con la fachada; revisa diariamente esos rincones donde motas de pesimismo, desánimo e indiferencia se suelen incrustar con gran facilidad.

  1. Quita las telas de araña

A veces nos pasamos días y días mirando para el suelo, fijando la vista en nuestro propio ombligo… Alza la vista, amplia tu campo de visión. Que los sueños, las promesas, los compromisos que un día te fijaste no queden atrapados en la maraña de la apatía, de la comodidad, del no querer complicarse la vida.

  1. Sacude las alfombras

Es un engorro, verdad, pero es muy necesario. Ah, y si algún día no sale polvo…, ¡mala señal! Eso querrá decir que nadie te ha visitado, que ningún hermano ha pisado (que no pisoteado) tu vida.

  1. Muda las camas, cambia las toallas…

¿Verdad qué no aguantarías estar más de una semana con las mismas sábanas puestas…? ¿Y tu corazón? ¿Cuántos días, meses o años llevas sin hacer una mudanza de interiorismo? ¿Cuánto tiempo llevas poniendo remiendos? ¿No crees que ha llegado el momento de hacer unos cuantos cambios?

  1. Date un respiro

Descansa un poco. Prepárate una infusión de silencio y paz interior. Seguramente que alguien, Alguien, tiene algo muy importante que decirte.

  1. Haz la colada y tiende la ropa

Sobre todo cuelga los trapos sucios que ni la lavadora ni el mejor de los quitamanchas logran eliminar. Déjalos que cuelguen en el tendal del olvido…

  1. Ordena armarios

Cuelga en los percheros de tu corazón los dones y las gracias que Dios te regala cada día. Bendiciones todas ellas de marca. No busques en el mercado nada parecido. Todas guardan la misma talla: XXL en misericordia de Dios; además, son totalmente gratuitas.

  1. Decora a tu gusto

Cada uno tiene su estilo; yo te recomiendo uno que luce mucho, aunque desgraciadamente es muy poco conocido: sonríe, sonríe mucho. Tu corazón está harto de caras largas, caras de cumplimiento, de prisas y de estrés… Decora tu corazón con una amplia, generosa y contagiosa sonrisa.

  1. Revisa el buzón

Antes de salir a la calle, no te olvides de mirar el correo y recoger la carta, la Buena Noticia que Dios, en forma de Evangelio, te envía (no falla nunca) cada día. En ella encontrarás nuevas formas, nuevos trucos para conseguir que tu corazón luzca siempre limpio y radiante.

J. M. de Palazuelo

 
 

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