LOS JÓVENES ESPAÑOLES Y LA FAMILIA A COMIENZOS DEL SIGLO XXI

1 julio 2011

Luis Ayuso Sánchez
Universidad de Málaga
 
SÍNTESIS DEL ARTÍCULO
El autor ofrece algunas reflexiones sobre “los jóvenes españoles y la familia a comienzos del siglo XXI” recogidas en el último Informe de la Fundación Santamaría, jóvenes 2010, del que es coautor. Luis Ayuso centra sus reflexiones en estos puntos de interés: el contexto de los cambios familiares; la situación familiar de los jóvenes; el ideario familiar de los jóvenes;  el proyecto familiar de los jóvenes en el futuro.
 

  1. Introducción

España es posiblemente, de todos los países de la Unión Europea, el lugar donde existe un mayor número de estudios sociológicos y de investigaciones referidas a la juventud. Sorprende en comparación con otras regiones, la importante tradición de estas  investigaciones desde comienzos de los años sesenta. Varios pueden ser los motivos para explicar este hecho; por un lado, que el grupo de jóvenes, aunque “anestesiado”, constituyen un segmento de población relativamente homogéneo al que se le tiene cierto miedo. Los jóvenes como es bien sabido, representan la vanguardia de la sociedad y generación tras generación tienen la obligación de reescribir la historia a partir de una cultura heredada, de ellos depende el futuro próximo. Por todo ello, es preciso conocerlos para controlarlos. Otra posible explicación, es que desde las generaciones más mayores se tenga cierta “mala conciencia” por la situación que se les deja. Con tasas de desempleo juvenil por encima del 45% en algunas Comunidades Autónomas, el aumento de la permanencia en el sector educativo sin muchas expectativas al terminar, los precios de la vivienda prohibitivos, o las dificultades para definir un proyecto de vida en pareja en el que se puedan tener niños. Todo ello podría impulsar este tipo de estudios para testar, al menos, cómo los jóvenes aceptan esta situación. Una última razón, se refiere a la explicación meramente académica, es decir, los jóvenes representan un objeto de estudio prioritario de la sociedad que es necesario conocer para predecir comportamientos futuros; siguiendo a Comte, padre de la Sociología, “conocer para saber y saber para prever”.
Personalmente considero que para explicar esta multitud de trabajos, debemos recoger aspectos relacionados con todas estas razones, pero ello no es objeto de estas líneas. En este artículo se presenta de forma general, algunos resultados del último informe sobre la juventud española publicado por la Fundación Santa María en el año 2010 (Jóvenes Españoles 2010). Este estudio ha sido realizado a través de una encuesta representativa a 3.515 jóvenes entre 15 y 24 años distribuidos por toda España, seleccionados mediante un muestreo aleatorio estratificado polietápico. El trabajo tomó como base los estudios que viene haciendo la Fundación desde 1978 pudiendo comparar la evolución de diversos indicadores.
Los resultados que aquí se presentan analizan las transformaciones que están aconteciendo en el ámbito familiar y cómo están siendo percibidas por los jóvenes.  El artículo se divide en cuatro apartados, en primer lugar, se analiza en contexto familiar en el que se desenvuelven los jóvenes. La familia es el principal agente de socialización, donde se adquieren los valores, ideales y normas sociales más básicas; pero estos actores se están transformando ¿hacia qué dirección? En segundo lugar, se presenta la situación objetiva en la que se encuentran los jóvenes, es decir una fotografía o radiografía de aquellos aspectos que los definen; es decir, cuantos trabajan, cuantos estudian, cuantos viven con los padres, etc. En tercer lugar, se profundiza en sus valoraciones, en su forma de ver el mundo, ¿son tan diferentes a sus padres?, ¿Qué está ocurriendo en el interior de las familias? Por último, pero muy interesante, el estudio de la Fundación SM también profundiza en cómo ven los jóvenes su familia en el futuro, ¿se piensan casar?, ¿para toda la vida?, ¿piensan tener hijos?, ¿cuántos?
 

  1. El contexto de cambios familiares

La generación de jóvenes analizada en este trabajo representa la cohorte más menguada de nuestra reciente historia, pero al mismo tiempo, la más deseada, planificada y satisfecha. Debido a las repercusiones del descenso de la fecundidad, están comenzando a llegar a la juventud unas generaciones de jóvenes muy cortas, que nacieron a finales de la década de los noventa, cuando nuestro país alcanzó las cifras mas bajas de nacimientos. Estos jóvenes son fruto de una mayor planificación por parte de sus padres, que eligen y controlan cada vez más la natalidad, y se esfuerzan en que éstos disfruten de una mayor calidad de vida. Estos jóvenes, desde el punto de vista demográfico, van a disfrutar de mayores oportunidades (tendrán a priori menos competitividad), pero también van a tener que asumir mayores responsabilidades. Sobre ellos recaerá por ejemplo, el sostener a la mayor generación de personas mayores que nunca haya conocido la historia de España; ¿se está educando a los jóvenes para asumir estas responsabilidades? Es algo sobre lo que se debería de reflexionar.
Desde el punto de vista estrictamente familiar, la familia en la que se socializan estos jóvenes se encuentra en un contexto muy diferente al de sus padres y abuelos. Baste con recordar cómo era la familia de las generaciones anteriores para observar como en apenas treinta años, la familia española ha experimentado, lo que el profesor Meil (1999) ha denominado como postmodernización de la familia española, es decir un cambio muy profundo en la cultura y estructuras sociales. A nivel socioeconómico, la familia asiste al desarrollo de la democracia, la difusión del estado de bienestar, el acceso a la educación superior de la clase media y baja, la posición de la mujer en la sociedad, o el impacto de las nuevas tecnologías. Todos ellos cambios muy profundos que tienen su repercusión en la familia. A nivel cultural, los cambios de la familia española siguen las tendencias europeas de mayor individualización, privacidad e importancia de los aspectos emocionales. Todos estos aspectos tienden a primar el yo sobre el nosotros, y aunque esta es una tendencia que es fácilmente observable desde el punto de vista externo, el capitalismo por ejemplo es fiel reflejo de este individualismo, se introducen también paulatinamente en la esfera comunitaria por excelencia, como es la familia.
La familia española de comienzos del siglo XXI se caracteriza porque es cada vez más reducida y plural, con una mayor variedad de formas de convivencia y de roles familiares entre sus miembros. Se consolida el modelo de familia nuclear “reducido”, donde prevalece la inversión familiar en la calidad de vida y en la mejora de su propio bienestar más que en el aumento del número de niños. Sin embargo, en España, y contrariamente a lo advertido por Parsons (1943), la consolidación de esta estructura familiar no ha supuesto el aislamiento del resto del parentesco, ni en el plano relacional ni en el de las ayudas mutuas, manteniéndose las relaciones familiares como un “capital” básico para hacer frente a situaciones de necesidad.
Los hijos suelen permanecer mucho tiempo en casa de sus progenitores y cuando se independizan suele ser habitual que una generación viva cerca de la otra, manteniendo el principio de “intimidad a distancia” (Meil, 2006). La densidad de contactos entre los miembros de la red familiar es muy elevada en casi todas las fases del ciclo familiar, contribuyendo a la prestación de ayudas intergeneracionales, tan características y valoradas en nuestro país. Por otro lado, se asiste también al aumento de otras formas de convivencia como: “singles”, parejas de hecho, familias reconstituidas, etc., y sobre todo de familias monoparentales de uno y dos hijos; aunque en general, y siguiendo la línea de nuestros vecinos mediterráneos, este incremento de la pluralidad es menor en comparación con la media europea. Esta es la familia en la que nacen y crecen los jóvenes, pero ¿en que situación se encuentran estos jóvenes?
 

  1. La situación familiar de los jóvenes

La juventud constituye una etapa del ciclo biológico caracterizada por los cambios familiares, laborales y la asunción de nuevas responsabilidades. En España según los datos de este estudio, el 85,5% de los jóvenes entre los 15 y 24 años viven en el hogar de sus padres y sólo un 12,7% están ya fuera del mismo. En relación a la ocupación, los jóvenes de estas edades se encuentran sobre todo en un periodo de formación y preparación para la vida adulta, un 65,2% se dedica principalmente a estudiar, de los cuales un 7,5% compagina sus estudios con algún trabajo. Uno de cada cinco (21%) está incorporado al mercado de trabajo, de los cuales un 4,5% además también estudian. Los que se encuentran buscando su primer trabajo, o en paro cobrando o sin cobrar prestaciones de desempleo ascienden a un 12%.
Esta es una etapa de preparación para su inserción en el mercado laboral, pero ¿qué ocurre con el proyecto de pareja? La formación de parejas es posiblemente uno de los cambios cualitativos más importantes que han acontecido en la esfera familiar española de los últimos años (Del Campo y Rodríguez, 2008). Dicho cambio se caracteriza por una desregulación de las normas que habían estructurado las relaciones prematrimoniales y los ritos de noviazgo del pasado, dando lugar a infinitas posibilidades. Las nuevas generaciones disfrutan de una mayor capacidad de elección de su cónyuge, no tienen porqué conformarse con una relación para toda la vida, ni todas tienen como único fin el matrimonio. Permanece la importancia de la fidelidad y del plano afectivo en la felicidad personal, constituyéndose unas relaciones más sentimentales, democráticas e inestables. Se avanza hacia relaciones más igualitarias y satisfactorias, haciéndose cada vez más explícito el sentido de la negociación, el cual marcará las pautas futuras en este escenario, sobre todo en lo concerniente a la división de roles domésticos y a las relaciones entre las generaciones.
Durante la juventud los jóvenes también comienzan su biografía particular de emparejamientos (Ayuso, 2009). En tres de cada cinco casos afirman tener novio/a (45%) o haberlo tenido anteriormente (15%), sólo un 13% manifiestan no haber tenido nunca una relación sentimental estable y un 20% tener relaciones pasajeras. Estos datos muestran que en general se siguen formalizando las relaciones de pareja aunque existen diferencias sociodemográficas importantes. Teniendo en cuenta la situación ocupacional y de pareja de los jóvenes es interesante profundizar en las dinámicas de emancipación. A diferencia de antaño, son cuestiones cada vez más independientes. Uno de los aspectos novedosos que plantea este estudio en relación a otros anteriores, es que los jóvenes desean cada vez emanciparse más tarde, en concreto a los 27 años, en comparación con los 26 años de media que salía en 2005 (a pesar de que se casan entre los 31 y 34 años). En sus proyectos vitales piensan emanciparse para irse a vivir con su pareja, no en soledad o con amigos, como ocurre en muchos países europeos. La cohabitación se ha convertido en un fenómeno cada vez más extendido entre las jóvenes generaciones, dando lugar al conocido como “matrimonio a prueba” y contribuyendo al retraso en la edad de entrada al matrimonio. Sin embargo, esta proporción aún está muy lejos de las cifras existentes en el centro y sobre todo en el norte de Europa. Un 10% de los jóvenes entre 21 y 24 años afirman encontrarse en esta situación.
Las causas para explicar este retraso también fueron preguntadas en este estudio, y arrojaban que el primer factor es conseguir un trabajo (52,9%). La segunda razón más esgrimida es la de terminar los estudios (38’2%), que en esta oleada supera al hecho de conseguir una vivienda apropiada (36’5%), que era la segunda opción más repetida en 2005. Pierde peso también la razón de ir a vivir con su pareja, que es señalada en la misma proporción que buscar independencia, y aparece por primera vez mencionada la opción de “ser más mayor”. Sin embargo, para conocer mejor el fenómeno de la emancipación no debemos quedarnos sólo con factores de tipo estructural, es necesario profundizar en dos elementos claves; en la cultura familiar de los jóvenes, y en lo que esta ocurriendo en el interior de los hogares.
 

  1. El ideario familiar de los jóvenes

Los importantes procesos de transformación social que experimenta nuestro país en los últimos años, no diluyen la importancia que siguen otorgando los jóvenes a la vida familiar. Antes y ahora siguen valorando a esta institución por encima de cualquier otra, a pesar de que se difuminan ciertos aspectos clásicos, y de que se subrayan nuevas tendencias, en apariencia anti-familiares, pero que contribuyen a su adaptación y fortalecimiento.
En general existe un alto nivel de coincidencia entre las opiniones de padres e hijos sobre cuestiones de su vida cotidiana, aunque lógicamente se difiere más entre unos aspectos u otros. La mayor convergencia ideativa se produce sobre todo en la visión que ambas generaciones tienen sobre la familia, coincidiendo en su alta valoración (un 70,6% de los jóvenes la considera igual o algo distinta a sus progenitores); y por otro lado, en la visión de la religión, en la que confluyen padres e hijos en un 69%. Este fenómeno vendría a corroborar el importante proceso de secularización de la sociedad española, pues recordemos que un 43,3% de los jóvenes consultados se auto-posiciona como católico no practicante, y un 42,3% como indiferente, agnóstico o ateo. En un segundo bloque con un alto grado de coincidencia se encontraría también el trabajo (65,9%), el papel de la mujer (65,8%) o las cuestiones políticas (65,2%). Tres aspectos correspondientes a diferentes ámbitos de la vida cotidiana como son: el ideológico, pragmático funcional y el relacional. Un tercer bloque agrupa a las cuestiones que levantan una mayor discrepancia, éstas hacen referencias a elementos propios de la vida privada de los jóvenes, tales como: el ocio y el tiempo libre (48,8%), la forma de articular sus relaciones de pareja (40%) y/o su vida sexual (39,2%). Debe señalarse en este sentido, que las cuestiones en las que los jóvenes afirman coincidir menos con sus padres sean también aquellas de las que menos hablan, lo cual puede indicar dos conclusiones, bien que no se abordan por no entrar en conflicto con los progenitores, o por otro lado, se piensa que se difiere en las formas de pensar aunque en realidad no se conoce bien la opinión de los padres sobre estos aspectos.
Los hijos con el paso del tiempo han ido ocupando un lugar central en todos los hogares. En las familias actuales se tienen pocos niños, se planifica su nacimiento y en su gran mayoría son todos deseados. Esta estrategia de natalidad también tiene sus repercusiones en las relaciones intergeneracionales. Al amparo de unos valores igualitarios, basados en la articulación democrática de las relaciones, los jóvenes han ido ganando capacidad de negociación con los padres y libertad para llevar a cabo diferentes actividades dentro del hogar doméstico. En general, se observa como los hijos buscan una mayor autonomía a edades cada vez más tempranas y los padres dan más importancia al “llevarse bien con sus hijos”.
Una consecuencia de esta tendencia es que los jóvenes cada vez puedan hacer más cosas en el interior de los hogares que tradicionalmente estaban vetadas a otras generaciones. Por ejemplo, en dos de cada tres casos los jóvenes pueden reunirse en casa con sus amigos (63,5%), inclusive con su novio/a (60,7%). El hecho de no venir a comer a casa apenas es sancionado en las nuevas familias españolas, existiendo una amplia tolerancia. En uno de cada tres casos se permite que los jóvenes puedan tomarse unas copas en el domicilio familiar. Los aspectos donde existen mayores problemas se refieren a: fumar porros, que está altamente sancionado, o a acostarse con un chico/a, aunque en este caso, un 18,8% de los jóvenes afirman que pueden hacerlo sin ningún problema. Organizar fiestas en casa tampoco es una práctica permitida (38%), aunque casi uno de cada cuatro pueda hacerla. La mayor tolerancia y capacidad que tienen los jóvenes para hacer muchas cosas en la casa contribuye a la existencia de un buen ambiente familiar y es un elemento que favorece la permanencia de los jóvenes dentro del hogar y el retraso de la emancipación. De este modo de entiende la buena relación que afirman mantener los jóvenes con su madre (9 de 10 muy o bastante satisfechos), y con su padre (8 de 10) que aumenta con respecto a otros años.
¿Significa esto que ha desaparecido el conflicto entre padres e hijos en el seno de las familias españoles? La respuesta es lógicamente que no, aunque varía el foco de estas disputas. Las mayores discrepancias se encuentran en la salvaguarda de la privacidad y autonomía que intentan hacer prevalecer los hijos sobre sus padres. La residencia familiar se ha convertido en un ámbito extraordinariamente cómodo para los jóvenes, en el que se le da mucha importancia al diálogo y la negociación entre varias posturas, y se refuerza el talante democrático de la familia española. El hogar familiar se convierte en un espacio mucho más tolerante, pero en el que a su vez todos sus miembros deben implicarse en su mantenimiento. En este sentido, el principal elemento de conflictividad intergeneracional se localiza en la falta de colaboración en las tareas domésticas; donde los padres siguen educando de forma diferenciada a sus hijos y a sus hijas, implicándose significativamente más ellas que ellos (Gráfico 1).
 
 
Gráfico 1: Razones por las que los jóvenes de 15  a 24 años suelen discutir con los padres (%)
Fuente: Jóvenes Españoles 2010: 141.
 
Por último, la familia también aparece muy destacada por los jóvenes a la hora de buscar sobre todo apoyos instrumentales. Este es otro factor importante que justifica la alta valoración de los jóvenes hacia la familia. A pesar de la importancia que adquiere el rol afectivo y emocional en las familias contemporáneas, éstas siguen desempeñando funciones que son clave en la elaboración del bienestar social. La familia posiciona a la persona en la sociedad, le transmite valores, identidad, salud mental, procura cuidados, pautas de consumo y ocio, etc. Pero también desarrolla estrategias encaminadas sobre todo a la emancipación de los hijos; tanto a la hora de facilitar contactos para encontrar un trabajo, como en la propia constitución del capital mobiliario y/o inmobiliario (Garrido y Gil Calvo, 1993; Requena, 2000).
A pesar del desarrollo del sistema de bienestar y del “presunto” deterioro de la familia institucional, la red familiar sigue siendo el principal apoyo instrumental con el que cuentan los jóvenes. Este recurso se transmite generación tras generación y contribuye a la formación del denominado familiarismo mediterráneo. Sin embargo se están produciendo cambios en su seno, por ejemplo, la comparación de los datos entre 2005 y 2010 muestra el deterioro de la red de abuelos y sobre todo de hermanos, cuyo recurso es menos señalado por los jóvenes. Esto puede deberse bien a que se está reduciendo la red efectiva como consecuencia de los cambios demográficos, y que por lo tanto hay menos hermanos y/o abuelos disponibles; o por otro lado, a que desde el punto de vista del ideario de los nuevos jóvenes exista un menor compromiso, confianza e incluso capacidad efectiva a la hora de pedir este tipo de ayudas. De una forma o de otra la ayuda instrumental tiende a focalizarse sobre todo en los padres. Para cuestiones referidas a aspectos afectivos o emocionales, los jóvenes optan en mayor medida por amigos y pareja.
 

  1. El proyecto familiar de los jóvenes en el futuro

En este contexto familiar español caracterizado por tantos y profundos cambios, aventurar como será la familia futura de estos jóvenes no es tarea fácil. Para intentar aproximarnos, en este trabajo se profundizó en su ideario familiar y en el proyecto vital para los próximos años.  El nuevo contexto familiar de estos jóvenes se caracteriza por un menor control social sobre la configuración concreta de sus proyectos de pareja y de vida, y una mayor autonomía sobre la manera de formalizar (o no) sus relaciones. Libertad a la hora de emparejarse o estar solo/a, tener o no tener hijos, institucionalizar la relación cuando y como la propia pareja quiera. El matrimonio tal y como han afirmado distintos autores, se convierte en una “opción más que en un destino” (Alberdi, 1999), o un “postre opcional” (Martínez, 2009) dentro de la biografía de emparejamientos de una persona.
Si por algo se caracteriza la familia española de los últimos años es por su importante flexibilidad y tolerancia respecto a las distintas formas de organizar la vida familiar en el pasado. Los jóvenes actuales reflejan un alto grado de respeto e incluso justificación ante diversas conductas relacionadas con la vida familiar que antaño eran perseguidas o se encontraban en la marginalidad. Desde el punto de vista del ideario general, cada vez se toleran más comportamientos que tienen que ver con la vida familiar como el divorcio o los emparejamientos entre homosexuales; sin embargo, los jóvenes siguen dando mucha importancia a las infidelidades, estando menos justificadas que los abortos o las relaciones sexuales con menores de edad (Gráfico 2). Esto pone de manifiesto la importancia en la confianza del “pacto privado de la pareja” por encima de otras cuestiones, así como la permanencia de valores más tradicionales dentro del proceso de postmodernización familiar.
 
Gráfico 2: Justificación de los jóvenes sobre conductas relacionadas con la familia*
* Se presentan puntuaciones medias que oscilan entre 1 que significa que nunca está justificada y 10 que siempre está justificada.
Fuente: Jóvenes Españoles 2010: 151.
Teniendo en cuenta este contexto de tolerancia basado en una mayor autonomía y privacidad de  los comportamientos familiares, ¿cuál es el ideal de familia que tienen los jóvenes? En general, existe un amplio consenso en considerar a las distintas formas de convivencia como familia. Aunque el matrimonio con hijos es la forma familiar que más se acerca a su ideal (8,8), existen pocas diferencias relativas entre el matrimonio con o sin hijos y las parejas de hecho donde hay o no descendencia. Se acepta a las familias monoparentales como una forma familiar más, y aunque más alejadas del ideal y con un menor grado de coincidencia, también se aprueban a las parejas del mismo sexo con o sin hijos. Este fenómeno acentúa la tolerancia de los jóvenes hacia los distintos modos de convivencia, confirmando la tesis de Roussel (1995), sobre la capacidad de las nuevas generaciones para poder elegir entre un “menú de formas de vida familiar”. Así como la tendencia juvenil a equiparar unión de hecho con matrimonio. Todas las formas familiares son válidas si con ello se consigue la felicidad, esta es la convicción más importante sobre todo entre los jóvenes urbanos, universitarios y con menor grado de religiosidad. Sin embargo, la mayoría de jóvenes siguen pensando en institucionalizar su relación de pareja, optando por el matrimonio por la Iglesia por encima de la convivencia con o sin papeles, que se convierte en la segunda opción más deseada.
Se opta por tanto por un modelo matrimonial, aunque se tolera todo tipo de comportamientos, pero ¿qué condiciones son las que regulan estas nuevas relaciones internas? En el ideario, los jóvenes persiguen un modelo de vida familiar en el que ambos trabajen fuera de la esfera doméstica y al mismo tiempo, compartan las tareas de dentro del hogar y el cuidado de los hijos, casi ocho de cada diez jóvenes opina en esta dirección (78,3%), la segunda opción que es mucho más minoritaria en España, pero que tiene un alto seguimiento en el centro y norte de Europa, se refiere a que la mujer trabaje menos horas y pueda dedicar más tiempo a la casa (15,1%). La opción tradicional en la que sólo trabaje fuera de casa el varón apenas alcanza el 5%. Los jóvenes por tanto, demandan un modelo familiar simétrico, respondiendo de este modo a valores más igualitarios, a las demandas de realización femenina en el ámbito extradoméstico y a la cada vez mayor necesidad de dos salarios para mantener el nivel de vida familiar.
Por otro lado, y en relación a la duración de las uniones, la cultura familiar de los jóvenes, como se ha apuntado anteriormente, justifica ampliamente la existencia del divorcio cuando hay desavenencias en el seno de la pareja. La socialización en esta cultura más flexible de las relaciones de pareja y en un contexto de mayores rupturas, ha dado lugar a que ésta sea una posibilidad que aceptan con mayor normalidad. La mitad de los jóvenes opinan que ésta es una cuestión que depende de la propia pareja, son ellos y sólo ellos los que deciden el tipo de entrada en la unión, las características de su permanencia y su salida. Sólo un 5% considera su emparejamiento como algo temporal, siendo muchos más, uno de cada tres, los que observan esa relación para toda la vida. Los jóvenes apuestan por una relación duradera, pero son conscientes que el día a día supone atravesar múltiples dificultades. Lo importante es que ambos estén satisfechos con la propia relación, pudiendo “renegociar” las condiciones de la misma, e incluso ponerle fin a lo largo de su ciclo vital.
¿Cuáles son los motivos por los que los jóvenes romperían su relación de pareja o matrimonial? Esta cuestión también ha sido objeto de análisis en este estudio (Gráfico 3). El mayor consenso que legitima la ruptura de la pareja son los malos tratos físicos o psíquicos, donde nueve de cada diez jóvenes optarían por su disolución. Existe una mayor sensibilidad social hacia los malos tratos y violencia de género, pero no deja de sorprender que un 11% de los encuestados no responda afirmativamente ante esta cuestión. La segunda y la tercera opción hacen referencia a la infidelidad de la pareja y a la pérdida del amor inicial, cuestiones ambas que ponen de manifiesto la importancia del amor como base de las relaciones conyugales. Un aspecto privado y subjetivo como es el no sentirse querido/a, es causa más que suficiente para replantearse el futuro de su relación.
 
Gráfico 3: circunstancias por las que los jóvenes romperían su relación de pareja o matrimonio (% afirmativos)
Fuente: Jóvenes Españoles 2010: 164.
 
Uno de los principales efectos de las transformaciones familiares puede observarse en la natalidad y en el papel que juegan los hijos en los proyectos conyugales de los jóvenes. Los hijos cobran sentido en la medida en la que contribuyen a la felicidad individual de la pareja. Son mucho más planificados y siguen estando muy presentes en el ideario colectivo de la familia, pero surgen como respuesta a necesidades emocionales y privadas de la propia relación. “Los padres quieren a sus hijos para satisfacer parte de sus necesidades afectivas de dar y recibir afecto, para poder querer y para que los quieran, para sentirse queridos. Recogiendo el sentir común, podría formularse en los siguientes términos: “si no nos van a pagar una pensión, ni nos van a cuidar de viejos, al menos que nos quieran y que podamos quererlos” (Meil, 2006: 138).
La influencia de esta nueva posición de los hijos en la sociedad puede observarse en que paradójicamente, han dejado de ser una cuestión exclusiva de la vida privada para convertirse en un asunto cada vez más público (Rodríguez, 2007). Ello está motivado por los problemas que les afectan: caída de la natalidad, pobreza infantil, fracaso de los sistemas educativos, cambio en las formas de vida familiar, los flujos migratorios, problemas de integración social, etc. La infancia también se ve afectada por las tendencias a la individualidad; a los hijos se les considera como agentes activos en la construcción de su propio rol, ganando en autonomía y capacidad de elección a edades cada vez más tempranas. Estas son las tendencias constatadas desde el punto de vista teórico, pero ¿qué opinan nuestros jóvenes?, ¿qué lugar ocupan los hijos en su proyecto vital? Los niños siguen representando la felicidad conyugal y se observan como respuestas a necesidades emocionales y privadas de la propia relación. Sin embargo, disminuyen los hijos deseados (2,2), aspecto especialmente novedoso respecto a otros años; es decir, tradicionalmente se tenían menos hijos de los deseados existiendo una gran diferencia entre los hijos que se tenían y los que se deseaban. Sin embargo, lo que ahora se esta constatando es que estas diferencias se reducen, y por tanto, cada vez se desean tener menos hijos; aspecto este que también debe llevarnos a la reflexión. Un 18% quiere tener 3 o más hijos y sólo un 10% creen que los tendrán. El 64% de las mujeres entre 20 y 24 años considera que tener hijos es un obstáculo para su vida profesional.
Las causas de este retraso hay que buscarlas en las condiciones que valoran los jóvenes a la hora de planificar su tenencia de hijos. Estas condiciones se agrupan en tres categorías, en primer lugar, el hecho de tener un sustento económico asegurado, tanto desde el punto de vista del acceso al mercado de trabajo (52,5%) como de los ingresos (38,1%). En segundo lugar, el deseo de tener hijos (35,5%), y el conocer bien a la pareja (29,1%), enfatizando en cuestiones privadas de la relación; y en tercer lugar, otras cuestiones complementarias como el acceso a la vivienda (23,5%), terminar los estudios (17,3%) o el tener tiempo para dedicárselo a los hijos (14,8%). Sin embargo, y mas allá de las respuestas recogidas, es necesario que como sociedad se introduzca esta cuestión en le debate público, pues el hecho de tener o no tener hijos tiene que ver en gran medida con la existencia de un contexto social más o menos favorable, y esta es una cuestión de primera prioridad. Recientemente hemos asistido a múltiples debates sobre el futuro de las pensiones, pero en muchos de los diagnósticos realizados, no se pone el énfasis en el origen, que no es otro que el que nuestro presenta los datos de fecundidad más bajos del mundo, y ello tiene repercusiones en las pensiones futuras, pero también en el grado de innovación, vitalidad, e incluso alegría de un país. Existen muchos retos a los que deberemos enfrentarnos en el futuro, y múltiples escenarios familiares en los que tendremos que desenvolvernos, pero cuestiones como la natalidad creo que están más allá de cualquier debate ideológico.
 

  1. Bibliografía

– ALBERDI, I. (1999): La nueva familia española. Buenos Aires, Taurus.
– AYUSO, L. (2009): “Los emparejamientos sucesivos: un reto para la Demografía y la Sociología de la familia”, Revista Temas, 180, 61-63.
– AYUSO, L. (2010) “Juventud y familia a comienzos del siglo XXI” en J. González-Anleo y P. González (Dir.) Jóvenes españoles 2010. Madrid. Fundación SM. (115-174)
– DEL CAMPO, S.; y RODRÍGUEZ BRIOSO, M. (2008): “Familia” en S. Del Campo y J. F. Tezanos (Dir.) La sociedad. Madrid, Biblioteca Nueva, 139-218.
– GARRIDO, L.; y GIL CALVO, E. (1993): Estrategias familiares. Madrid, Alianza.
– MARTÍNEZ PASTOR, J. I. (2009): Nupcialidad y cambio social en España. Madrid, CIS.
– MEIL, G. (1999): La postmodernización de la familia española. Madrid, Acento.
– MEIL, G. (2006): Padres e hijos en la España actual, Barcelona, La Caixa.
– REQUENA, M. (2000): “Las redes sociales de acceso al empleo: el papel de la familia”. En L. Simón y M. Rejado, Familias y bienestar social. Valencia, Tirant lo Blanch.
– RODRÍGUEZ, I. (2007): Para una Sociología de la infancia: aspectos teóricos y metodológicos. Madrid, CIS.
– ROUSSEL, L. (1995): “Vers une Europe des familles ?” Futuribles, 200, 11-24.