Navidad (y) un año más

1 diciembre 2002

Un año más los centros comerciales y el fragor publicitario nos han recordado que las navidades están ahí y que son más un tiempo de consumo que un tiempo de gracia, au­nque al final viene a ser lo mismo dependiendo de quién mire.
Nosotros seguimos mirando este tiempo como una oportunidad para redescubrir el encuentro, potenciar la vida sencilla y alimentar la esperanza. Y una oportunidad también para purificar nuestras expectativas de felicidad. Y una ocasión para revisar nuestra vida, especialmente con ocasión del nuevo año.
En ese sentido varias páginas de Cuaderno joven vuelven a centrarse en la Navidad (y en el año nuevo, un tiempo siempre humanamente muy rico y pastoralmente muy aprovechable a pesar de los aires consumistas o de las proclamas secularizantes, y con­tando también con el malestar de quienes quieren volver a un espíritu genuíno ya sea desde la creencia en una fe o el deseo de una vida sencilla.
Lo bueno de la Navidad es que todos podemos conectar con sus sentimientos más positivos y esperanzadores. En ese sentido regalamos a los usuarios de Cuaderno Jo­ven la siguiente parábola, que nos llegó a través de José Ignacio Ciordia, preso en la Cárcel.
Aquella Nochebuena, como tantas otras, el demonio se había propuesto impedir que Jesús naciera en el mundo. Llegó a casa de Lucas y se disponía a cenar.
Aprisa, acompañame. Paremos todos los relojes del mundo antes de las doce y así no podrá nacer jesús.
Salieron a toda prisa, recorrieron todos los hogares, calles y plazas donde hubiera un reloj y todos los fueron parando.
-Por fin- exclamó- el demonio cuando lle­gaba a casa de Lucas, breves momentos an­tes de las doce-.Jesús no podrá nacer esta no­che porque ningún reloj dará las doce.
Se despidió de Lucas que, al entrar en su casa, quedó sobrecogido. Al salir a toda pri­sa, se olvidaron deparar el reloj de su casa, y Cristo había nacido en ella.
Lucas cayó de rodillas, adoró al niño y le dio gracias porque, a pesar suyo, había que­rido nacer en su casa.
 
También nosotros, a pesar de todas las cárceles (las hay de muchos tipo), esperamos que el bien triunfe sobre el mal, y que la esperanza siga alimentado nuestras vidas, a contrapelo incluso, en muchas ocasiones, de nuestros mismos propósitos. Y sin nos mi­ramos un poco más adentro de las luces, canciones y sentimientos varios, podremos ver que allí también ha nacido… nuestra esperanza, esa que nos vale para hoy y  que nos dure al menos un año más, señalando siempre hacia el mañana.

CUADERNO JOVEN

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