PROBLEMAS Y CONFLICTOS DE LOS ADOLESCENTES: CÓMO TRATARLOS EDUCATIVAMENTE

1 enero 2005

Mª. Angustias Roldán Franco
Mª. Angustias Roldán es Psicoterapeuta de Adolescentes. Profesora de Psicología de la Personalidad en la Universidad Pontificia de Comillas.
 
SÍNTESIS DEL ARTÍCULO
Señala y analiza de manera concisa algunos problemas y conflictos frecuentes entre los adolescentes en relación al reajuste de su imagen corporal, al influjo de la afectividad en todo el psiquismo, a la importancia que cobran los amigos y las presiones a las que se ven sometidos en el grupo de iguales, al tiempo de ocio, frecuentemente unido al consumo de diferentes sustancias. Desde este marco referencial de la identidad de los adolescentes ofrece algunas pautas de intervención en la praxis educativa.
 
“Adolescencia. La angustia de no tener un lugar donde ir, el sentimiento de furia parecido al ácido clorhídrico comiendo nuestras entrañas, la injusticia, la deslealtad, el sentido de desesperanza, la frustración, el miedo, la confusión. Y la alegría. El deseo sin límite de nuevas experiencias. Primeros amores, primeras libertades. La plenitud de la amistad, la excitación por el logro. Pienso que no hay otro momento de la vida tan rico, tan vacío, tan ilimitado, tan limitado, tan fascinante, tan pesado, tan desesperado, en el que algunos días no parecen terminar nunca y otros parece que nunca van a llegar” (Packer, A.J., 1993. Bringing up parents, 33-34. Free Spirit Publishing)
 
A la vista de la lectura de este texto, da la impresión de que persiste la idea de la adolescencia como época “tormentosa, conflictiva, turbulenta y crítica”. Si miramos a nuestro alrededor comprobamos cómo a través de los libros, los medios de comunicación (siempre dispuestos a hacerse eco de cualquier conducta desviada de los adolescentes), charlas en los colegios, etc., hemos convertido la adolescencia en un mito, un mito, por supuesto, lleno de crispaciones y tensiones y muy peligroso, tanto para los propios adolescentes como para todos aquellos que les rodean.
Durante décadas, se ha mantenido la representación social de la adolescencia como un periodo caracterizado por innumerables problemas y tensiones, como un periodo de confusión normativa, tormentoso y estresante. A esta imagen de la adolescencia, también ha contribuido la literatura científica al poner el acento en los adolescentes difíciles, con problemas o con dificultades. Es como si los problemas de inadaptación social, inestabilidad emocional, comportamientos violentos, entre otros, fueran normativos en la adolescencia. Sin embargo, en las últimas décadas, esta concepción negativa de la adolescencia se ha sustituido por otra más optimista que acentúa los aspectos positivos de esta época de la vida, considerando la adolescencia como un periodo de evolución durante el cual el individuo se enfrenta a una amplia variedad de demandas, conflictos y oportunidades.
En este sentido, el hecho de que la adolescencia no sea descrita como una etapa de necesaria conflictividad, rebeldía y desajuste social, no significa que la adolescencia sea una etapa fácil. Es una etapa de transición y crisis que en nuestra sociedad, se está configurando como un periodo extremadamente largo y lleno de dificultades. Los jóvenes deben tomar multitud de decisiones que por un lado son una oportunidad para construir una vida, pero por otro pueden ser un peligro que puede influir en su trayectoria vital. El adolescente se enfrenta a cambios en su apariencia física que le obligan a un reajuste de la imagen corporal, a cambios en el desarrollo cognitivo que le proporcionan nuevas capacidades mentales que le permiten reflexionar, construir sus propias ideas, entender la realidad como algo que puede cambiar, criticar el pensamiento adulto, adquirir valores morales, etc., también debe enfrentarse a la consolidación de su identidad y, al desarrollo de un sistema de valores, a la vez que anhela una mayor independencia del contexto familiar y otorga un papel cada vez más decisivo al grupo de iguales.
Al referirnos a los adolescentes con problemas o a los conflictos de los adolescentes, no queremos dar a entender que todos los adolescentes sean difíciles o que, como señalamos anteriormente, esta sea una etapa en la que los problemas sean “normales”, sino que creemos que los problemas o conflictos son una señal de que el adolescente está en dificultades y necesita ayuda, o dicho de otra forma, estás manifestaciones no son condiciones necesarias, ni indispensables en el desarrollo del adolescente.
Si perder de vista lo expresado en los párrafos anteriores, desarrollaremos brevemente cuales son los principales problemas o dificultades, que a nuestro entender se dan con más frecuencia en los adolescentes de nuestros días.
 

  1. Los conflictos de la adolescencia

 

  • Reajuste de la imagen corporal

En primer lugar nos gustaría comenzar por señalar las dificultades que encuentra el adolescente en el reajuste de su imagen corporal. A medida que el cuerpo va cambiando, también debe irse ajustando la imagen corporal de cada individuo. Los adolescentes son extremadamente autoconscientes y están seguros de que todo el mundo está observando sus movimientos, es como si su cuerpo los estuviese traicionando continuamente. Esto junto con el significado que el adolescente dé a los cambios corporales, las normas culturales acerca de lo que resulta atractivo, el sentimiento de desarrollarse a tiempo o fuera de tiempo, las desviaciones de la normalidad y las evaluaciones positivas o negativas que recibe de sus padres y compañeros, hace que el reajuste de esa imagen corporal no sea una tarea fácil.
El atractivo físico y la imagen corporal tienen una relación muy estrecha con la autoevaluación positiva del adolescente, con su popularidad y la aceptación por parte de sus iguales. El atractivo físico influye en el desarrollo de la personalidad, en las relaciones sociales y en la conducta social, por tanto esta imagen física juega un papel muy importante en la formación de la imagen de sí mismo. Aunque el reajuste de la imagen corporal es difícil para chicos y chicas, en la mayoría de las ocasiones, estos cambios corporales son vivenciados de forma muy distinta por ambos. Para la adolescente, la apariencia física guarda una relación muy estrecha con la identidad femenina, por lo que son más sensibles a los ideales de atractivo físico que maneja la sociedad, lo que hace que muestren un mayor grado de insatisfacción y de sentimientos negativos hacia el propio cuerpo. Mientras que el adolescente no se siente tan presionado con la obligación de ser guapo, pues la identidad masculina está más vinculada al sentimiento de efectividad del propio cuerpo: habilidad física, capacidad de competir, etc., lo que conlleva el que la pubertad sea bien recibida, ya que va acompañada de un aumento de la fuerza, la altura y la habilidad atlética.
A pesar de las diferencias entre los y las adolescentes, ambos tienen criterios muy idealizados sobre el atractivo y la belleza, criterios claramente influenciados por los prototipos sociales que están de moda y por las normas del grupo de iguales. A menudo los modelos son demasiado “altos”, demasiado “guapos” y demasiado perfectos. Si a esto le unimos la imagen distorsionada que tienen de ellos mismos: “son horribles, llenos de granos, …..”, y la excesiva preocupación por el aspecto físico que forma parte de nuestro entorno social, en donde la juventud es un estado ideal, es lógico que pocos adolescentes se gusten y se acepten, siendo lo más habitual que estén decepcionados y a disgusto con su aspecto físico.
Todas estas actitudes y creencias son características de la adolescencia temprana o pubertad, y por tanto, con el tiempo, esta intensa preocupación por la imagen corporal debería ir disminuyendo y el adolescente debería ir asumiendo y aceptando las discrepancias entre los referentes culturales y su propio cuerpo. Para poder aceptar su imagen necesita tiempo y paciencia, a medida que el cuerpo va adquiriendo su forma adulta todo cobrará sentido, pero mientras esto ocurre, el adolescente pasará por estados de ansiedad y sentimientos de inferioridad que afectaran de una forma negativa a su autoconcepto.
El problema aparece cuando no se da este cambio y el adolescente se queda estancado en esta insatisfacción con su cuerpo. Cada vez son más numerosos y a edades más tempranas, en que este desacuerdo con su imagen ideal y la real, lleva a los adolescentes a dejar de comer, a emprender dietas, a vomitar, laxantes, etc. Las chicas son especialmente vulnerables a caer en estos trastornos y a estancarse en los sentimientos de insatisfacción con su cuerpo, ya que como dijimos anteriormente la buena presencia es algo obligado para las mujeres, a la vez que está fuertemente vinculado a la identidad femenina.
Por supuesto, los trastornos a los que nos referimos son la anorexia y la bulimia. La anorexia es un trastorno de la alimentación que se caracteriza por la pérdida deliberada de peso, evitando la ingesta de alimentos, hasta un 15% por debajo del normal, esperado para la edad y la talla. Es un trastorno que cada vez aparece en edades más tempranas. Mientras que la bulimia aparece más tarde que la anorexia (alrededor de los 16 años), se caracteriza también por el miedo al aumento de peso, que lleva a episodios de ingesta excesiva de alimentos que el sujeto contrarresta con vómitos autoprovocados, laxantes, fármacos, etc. La bulimia tiende a aparecer después o durante un período de dieta y es menos resistente al tratamiento que la anorexia. Ambas pueden ir asociadas con problema secundarios como la depresión, ansiedad, conducta obsesivo-compulsiva, estrés y abuso de medicamentos.
 
1.2. Influjo de la afectividad
 
Otro de los cambios que se producen durante la pubertad y que está directamente relacionado con el desarrollo cognitivo, es el aumento de la influencia de la afectividad en todo el psiquismo adolescente. Al principio de la adolescencia, la vida afectiva se caracteriza por reacciones emocionales poco conscientes, superficiales, espontáneas y sin ningún control (inquietud, miedo, ira, amargura, etc.), que producen un desequilibrio emocional que explica la inestabilidad y los continuos cambios en el estado de ánimo y de humor del adolescente. Este aumento de la afectividad continúa en la adolescencia intermedia, en donde toda conducta adquiere una tonalidad afectiva, por lo que aumentan las posturas de repliegue iniciadas en la pubertad. La inseguridad creada por los cambios interiores y por las frustraciones (como todavía no es capaz de tolerar la frustración se siente inseguro e infravalorado), empuja al adolescente a esconderse dentro de sí mismo, por lo que con frecuencia cae en estados de retraimiento, melancolía o abatimiento, a la vez que se generan sentimientos de culpa, vergüenza, confusión, desaliento, tristeza, etc.
Es posible que en algunos adolescentes, estas dificultades les lleven a experimentar depresiones. La depresión es un trastorno del estado de ánimo que presenta una sintomatología muy variada y de muy distintos grados de severidad. El adolescente está triste, llora fácilmente, está desesperado y pesimista, de mal humor, irritable, con ideas autodespectivas y culpabilidad inadecuada. Puede presentar perdida de apetito, problemas de insomnio, pérdida de energía, excesiva preocupación por la muerte, sentimientos de desesperanza y desconfianza, apareciendo en algunos casos pensamientos de suicidio. Sin embargo, no debemos considerar que todas las dificultades emocionales de los adolescentes están relacionadas con la depresión, ya que en los jóvenes son frecuentes los “trastornos adaptativos” con estado de ánimo ansioso o deprimido, cuyo rasgo esencial es una reacción desadaptativa ante un estrés psicosocial identificable (divorcio de los padres, desengaño amoroso, fuerte conflicto con los amigos, problemas escolares, etc.) , que suele remitir después del cese del estrés.
En el párrafo anterior, señalábamos como la depresión puede llevar consigo la aparición de ideación suicida. Este dato es importante y hay que tenerlo en cuenta, ya que el suicidio adolescente ha aumentado considerablemente en los países occidentales, a la vez que ha disminuido globalmente. Las causas suelen ser muy variadas y tienen más que ver con la personalidad del adolescente que con factores externos. Suelen ser chicos solitarios, poco sociables, con tendencia a la depresión y a menudo con un consumo alto de alcohol y drogas.
Otro de los factores que influyen en las conductas suicidas es la falta de habilidad para afrontar los problemas. Desde que son pequeños, los niños viven en un estado de sobreprotección, de manera que sus padres les evitan cualquier tipo de sufrimiento, y por lo tanto impiden que el niño aprenda recursos para enfrentarse a los problemas. De esta manera, cuando el niño se hace adolescente, este se encuentra con una falta de recursos tal que hace que aparezcan la desesperación y la percepción de que no hay salida. En los estudios hechos sobre los motivos que llevan a los adolescentes al suicido, encontramos como principales causas, el acabar con un estado de ánimo o situación dolorosa, lo que parece llevarles a la muerte como una forma de solucionar los problemas y la búsqueda del alivio total.
Por lo tanto, es fundamental abordar técnicas de resolución de problemas, para dotar a estos adolescentes de los recursos necesarios para enfrentarse a los problemas. Igualmente, es fundamental compartir los sentimientos y problemas con la familia y amigos, y también el saber que debemos cuidarnos a nosotros mismos y hacer cosas por los demás.
 
1.3. Importancia del grupo de amigos
 
En la adolescencia también aparecen conflictos relacionados con los amigos y la presión del grupo. En este periodo los adolescentes están menos tiempo en casa, disminuyen la interacción con los padres, aparecen dificultades en la comunicación y conflictos entre padres e hijos, lo que nos indica que se está haciendo mayor, y que pretende separarse de la tutela ejercida por los padres, y encontrar un marco social distinto que le permita actuar con mayor autonomía.
El grupo de amigos es muy importante, ya que es el principal medio de socialización y de refugio ante el mundo formal de la familia y la escuela. En el grupo se llevan a cabo aprendizajes de diferentes aspectos (la sexualidad, las drogas, los comportamientos prohibidos), a la vez que es una fuente muy importante de relaciones y comportamientos “democráticos” entre personas iguales, y ocupa un papel central para el juego y la diversión. Por este motivo, el adolescente tiene una conciencia de grupo muy fuerte y una marcada identificación con el mismo y con su líder. A pesar de que el papel socializador del grupo es bastante positivo, existen dos situaciones que pueden llevar a que el adolescente se embarque en conductas inadecuadas y comportamientos antisociales. En primer lugar, los adolescentes acatan ciegamente los gustos y modos de vida que rigen en el grupo, y en segundo lugar, el grupo, y la experiencia de vida colectiva dificultan un estilo de vida personal, lo que puede facilitar la aparición de comportamientos negativos o ciertas conductas antisociales. La mayoría de estos comportamientos se producen por la necesidad que tiene el adolescente de autoafirmarse como una persona mayor, lo que le lleva a oponerse a los modelos adultos. La fuerza del grupo la expresan con frecuencia a través de conductas de rebeldía y violencia y en el grupo los principales valores son la espontaneidad y la informalidad, por lo que todo lo convencional tiende a ser rechazado.
Estos dos aspectos son necesarios al principio de la adolescencia, pero la preocupación debe aparecer cuando esta solución se convierte en algo permanente, y es utilizada por el adolescente como un medio para evitar las responsabilidades adultas. Este estancamiento, junto con una serie de características que detallaremos a continuación, pueden llevar al adolescente a tener comportamientos delictivos o antisociales, a verse envuelto en problemas de falta de asistencia a clase, vandalismo, peleas, desobediencia, mentiras, robos e intimidaciones. La mayoría de los adolescentes son transgresores por naturaleza, aunque los sujetos de mayor riesgo son aquellos con conflictos familiares permanentes, dificultades de aprendizaje, niveles económicos bajos, los que tienen una falta de límites, el haber sido objeto o testigo de actos de agresión durante la infancia, etc.
La mejor manera de que el adolescente se integre socialmente en un grupo y a la vez se desarrolle como un individuo es ayudarle a aprender estrategias de afrontamiento a las diferentes situaciones que derivan de la relación con los demás. Entrenar en técnicas de autocontrol, saber decir que no, entrenar en habilidades de conversación y de relaciones sociales. Todo esto es básico para evitar muchos problemas de la adolescencia.
 
1.4. Tiempo de ocio y consumo
 
Finalmente, nos gustaría señalar como el tiempo de ocio puede llevar a los adolescentes al consumo de diferentes sustancias. Muchos estudios demuestran que en los últimos años ha aumentado considerablemente el consumo de sustancias entre los adolescentes. Este consumo juvenil presenta unas características propias que han generado lo que se puede definir como “una cultura de consumo” con pautas diferentes a las de otras épocas, y con nuevas sustancias como las drogas de diseño. Esta cultura se caracteriza por el inicio cada vez más precoz, el policonsumo en el fin de semana, la asociación con el ocio nocturno y la utilización de espacios públicos, principalmente la calle. El consumo de drogas, por tanto, se produce mayoritariamente en contextos de normalidad social. La mayor presencia de las drogas y su utilización en contextos normalizados son fenómenos que se refuerzan mutuamente y que dan lugar a una reducción de la alarma social asociada al uso de las mismas.
La diversión está especialmente asociada al consumo de alcohol. El consumo de bebidas alcohólicas tiene para muchos adolescentes actuales un simbolismo cultural: es un rito colectivo de iniciación en la vida adulta, un medio para liberarse de condicionamientos internos (timidez, miedos, ansiedad, etc.) y por tanto enmascarar su verdadera personalidad, y finalmente es un recurso para ponerse en la misma onda que los demás.
Las investigaciones también nos indican que la mayoría de los adolescentes que consumen buscan olvidar sus problemas, animarse cuando están cansados o deprimidos, ser aceptados y tener éxito en el grupo de iguales, experimentar, y no desentonar en un ambiente de diversión en el que todos consumen. Todo esto nos explica por qué muchos adolescentes de hoy asocian el salir, fundamentalmente con beber.
 

  1. Algunas ideas en torno a cómo trabajar con los adolescentes

Dado que dar pautas de intervención para cada uno de estos comportamientos nos llevaría muchas páginas, a continuación presentaremos algunas ideas generales que creemos son fundamentales para la educación de los adolescentes y por tanto para la prevención de todos los conflictos explicados anteriormente.
Nos gustaría comenzar, señalando que la educación y el trabajo con los adolescentes está claramente influido por la forma en cómo los adultos los ven, cómo observan su mundo e interpretan lo que hacen. La visión que tenemos interiorizada, la que compartimos con los compañeros y la que nos devuelven los medios de comunicación, determina buena parte de las posibilidades educativas. Es muy diferente actuar considerando al adolescente como una colección de problemas que hacerlo pensando en que es una persona en pleno proceso educativo, y por tanto, con una gran capacidad para aprender.
Para poder trabajar de una manera eficaz con los adolescentes, es necesario comprender su mundo, y cuando hablamos de comprender, nos referimos a entender lo que les pasa utilizando otros argumentos y otras lógicas distintas a las adultas No sugerimos una tolerancia generalizada o permisividad sistemática, tan sólo creemos que toda respuesta educativa supone tener en cuenta, la realidad personal y las circunstancias de la conducta.
Jaime Funes (2003), presenta unas interesantes pautas generales que pueden ayudar en el trabajo con los adolescentes:
 

  1. Buena parte de las claves interpretativas de su mundo debemos buscarlas en el contexto social e histórico. Debemos tener en cuenta que los adolescentes con los que trabajamos son de aquí y ahora.
  2. Uno de los principales hábitos que debemos adquirir a la hora de trabajar con los adolescentes, es leer sus conductas en clave adolescente: verlas como manifestaciones del desarrollo evolutivo. Primero son adolescentes, luego malos o buenos alumnos, personas más o menos broncas, pero nunca al revés.
  3. Nos debemos acercar al mundo adolescente teniendo presente que su condición no es algo estable y definitivo. Cuando hay dificultades (todos las tienen, algunos casi de manera permanente) no se les puede definir como sujetos problemáticos, sino cómo sujetos que viven una situación problemática. Viven quiere decir que dejaran de vivirla, que evolucionará, que igual que ha aparecido puede desaparecer. Si en la adolescencia todo es provisional también lo son las dificultades.
  4. Los adolescentes prueban, ensayan, experimentan, se acercan a lo desconocido, tantean las fuerzas, sienten el riesgo o la angustia del miedo. El educar implica sustituir la tutela por la educación progresiva en la autonomía y la responsabilidad. Esto significa dejar que se equivoquen, y a la vez ayudarles a sacar provecho de sus experiencias, funcionen bien o mal. El profesional que acompaña no moraliza, no da consejos que no le han pedido, no es una luz roja que advierte de los peligros, no va delante señalando el camino, no se dedica a tutelar, va al lado, está detrás, disponible. También sugiere, estimula, proponen, a veces empuja, tensa la cuerda de la relación para provocar reacciones.

 
Dentro de la psicología del desarrollo existen diferentes enfoques teóricos desde los que tratar los problemas y dificultades adolescentes, que nos presentan diferentes formas de trabajar con los adolescentes.
 
Desde las teorías conductuales, insisten en la necesidad de reforzar positivamente las conductas adecuadas del adolescente y, en la medida de lo posible, ignorar la mala conducta de poca importancia. Por otro lado, es importante tener claro que conductas esperamos del adolescente y asegurarnos que el adolescente también tiene claro lo que se espera que haga. Es necesario saber aquello que sirve de refuerzo para el adolescente, ya que si utilizamos como refuerzo algo que el adolescente no desea, no incrementaremos la conducta deseada. Los refuerzos no tienen por que ser materiales (dinero o cosas), sino que pueden tener un carácter no material.
Si en determinadas circunstancias, es necesario castigar, para que el castigo sea eficaz debe cumplir una serie de criterios:
– Hay que castigar un comportamiento concreto.
– Se debe aplicar el castigo inmediatamente (si es posible) después de la mala conducta o del comportamiento que queremos que desaparezca.
– El castigo debe ser proporcional a la conducta incorrecta.
– Se debe aplicar consistentemente
– Debe producir el efecto deseado, es decir, la reducción o extinción de la conducta.
– Por último debe ir acompañado de refuerzos o recompensas de la conducta deseada.
 
Las teorías cognitivo-conductuales parten de la premisa de que los educadores deben ser conscientes de que, en ocasiones, los adolescentes tienen creencias, actitudes y expectativas irracionales, ilógicas y distorsionadas sobre sí mismos y sobre los demás. Como ya hemos visto, también pueden pensar de forma negativa sobre sus capacidades, su atractivo y sus perspectivas futuras, sobre todo cuando se comparan con sus compañeros. Debemos ayudarles, por tanto, a descubrir y corregir los pensamientos irracionales e ilógicos sobre sí mismos y sobre los demás, por ejemplo, cuando hagan generalizaciones excesivas, exageren o subestimen sus propias capacidades, etc. Al mismo tiempo, los educadores deben realizar este ejercicio con respecto a sus propios procesos de pensamiento con respecto a los adolescentes.
Es importante estimular a los adolescentes a que descubran y centren la atención en sus aspectos positivos.
 
Finalmente, desde las teorías psicodinámicas, es necesario que los educadores tengan en cuenta que las dificultades emocionales y conductuales de los adolescentes, son el resultado de conflictos internos inconscientes, separaciones o pérdidas.
Este enfoque se centra en que los educadores deben ayudar a los adolescentes a sentirse seguros:
– Prestando atención a sus ansiedades y a su versión de la historia, escucharles con interés y con una actitud empática.
– Fijar límites y proporcionarles expectativas elevadas, pero alcanzables.
– Estimular la independencia y la autonomía, en vez de la dependencia.
– También es necesario cuando desaprobemos su comportamiento, dejar claro que no que desaprobamos es su comportamiento, y no a ellos como personas, esto se hace destacando las consecuencias de sus acciones para ellos y los demás.
 
Para terminar el artículo me gustaría señalar algunas breves indicaciones para trabajar específicamente con los problemas señalados en las páginas anteriores:
 
Con respecto a la imagen corporal es importante darles algunas pautas y estrategias para poder afrontar el cómo son. Entre otros aspectos se pueden trabajar: lo que les gusta y lo que no les gusta de su aspecto, centrándose en lo que se puede modificar, trabajando las atribuciones de valor que le dan a su aspecto físico, analizar los modelos de atractivo físico que nos presenta la sociedad, diferenciar lo estable y permanente de lo temporal, así como las valoraciones globales de las específicas, fijar la atención en los recursos positivos que tiene el adolescente, etc.
 
En relación con la el grupo es necesario entrenar a los adolescentes en técnicas de autocontrol, en saber decir que no (conducta asertiva), en habilidades conversacionales y de relaciones sociales. Enseñarles a tener un pensamiento propio, enseñarles que disentir de los demás es básico para que no se dejen arrastrar y hagan realmente lo que creen que deben hacer, en definitiva, trabajar la competencia social.
 
Y por último, con respecto a las emociones hay que explicarle que todo lo que le está pasando es normal, pero que tiene que aprender a controlar sus emociones, para lo que es necesario enseñarle técnicas de entrenamiento para el control de las emociones. Debemos animarles a compartir los sentimientos y los problemas con la familia y con los amigos. También es necesario enseñarles técnicas de resolución de problemas para enfrentarse a los conflictos, a
 
Bibliografía
Castillo Cevallos, G. (1999). El adolescente y sus retos. La aventura de hacerse mayor. Madrid: Pirámide.
Funes Artiga, J (2003). ¿Cómo trabajar con adolescentes sin empezar por considerarlos un problema? Papeles del psicólogo, Enero, nº 84.
Moraleda, M. (1999). Educar en la competencia social. Madrid: Editorial CCS.
Nicolson, D., Ayers, H. (2002). Problemas de la adolescencia. Guía práctica para el profesorado y la familia. Madrid: Narcea.