Subasta solidaria, subasta misionera

1 octubre 1999

El mes de octubre para los centros educati­vos cristianos es el «mes del DóMUND». Desde diferentes partes se ofertan actividades y experiencias que ayuden a comprender y vivir el sentido de esta tradicional fecha.
La actividad que proponemos aquí -«su­basta misionera»- se enmarca en este contex­to de la campaña del DÓMUND, aunque se pue­de realizar en otras campañas de solidaridad y/o misioneras.
La subasta misionera es una actividad que consiste en realizar, en un ambiente de fiesta participativa, una especie de subasta o puja de distintos objetos, que los propios participantes aportan, para destinar los beneficios a la cam­paña del DóMUND. Los objetivos de la activi­dad podrían situarse dentro de los siguientes:
– Darnos cuenta que tenemos y nos sobran muchas cosas.
– Todos y todas podemos aportar algo para la campaña.
– Poder apoyar actividades solidarias con nuestro dinero v nuestras cosas.
– Reconvertir un método competitivo y agresi­vo en cooperativo y lúdico.
La organización es muy sencilla. En el grupo o aula se avisa con antelación de la subasta mi­sionera para ir creando ambiente. Para ello, se pueden realizar unos carteles -hechos por uno del grupo que dibuje y rotule medianamente bien- para empapelar el atila, centro o local que sea; junto a ello, se pueden entregar una especie de invitaciones indicando lugar, día y hora, etc. Además, se presenta verbalmente la iniciativa al grupo o aula en cuestión. Los da­tos importantes a informar son:

  • Cada uno puede traer los objetos que desee (si son de niños, recordar que lo consulten con sus padres). Sería bueno que haya obje­tos de todo tipo, tamaño v valor, desde pe­gatinas hasta objetos decorativos, deporti­vos o libros… Todo vale con tal de que esté en buen estado.
  • A cada objeto se le asigna una cantidad-pre­cio inicial con la que comenzará la puja (se­ría conveniente que en un papel o cartulina aparezca atado o pegado el precio de entra­da). No conviene que dicho precio sea muy alto.
  • Se señala la cantidad máxima de dinero que podemos traer para pujar (esto es muy im­portante, particularmente si se trata de ni­ños o niñas, para que nadie «se imponga» por su condición social).
  • Se indica el día y hora para la subasta, junto a la finalidad de la misma: todo lo que se re­caude irá destinado para el DÓMUND.

El día de la subasta en una sala o aula, ade­cuadamente preparada y ambientada, dará co­mienzo la puja. Un animador o animadora o el profesor/a podrán dirigir la sesión. Sería inte­resante disponer de una mesa amplia donde se puedan colocar todos los objetos que se van a subastar, con la indicación del precio de salida. Todo deberá producirse, después, siguiendo el rito de las «subastas de verdad» –con la ver­borrea, tono, rapidez… típicos- (sería bueno disponer del mazo tradicional de las subastas para darle un aire oficial).
Cada participante que quiera subir la puja podrá levantar la mano y decir la cantidad por la que puja… cuando al final de una puja se lle­ven varios segundos de silencio se podrá aca­bar con el tradicional «a la una…, a las dos… v… a… a la de tres. Queda adjudicado al señor/se­ñora… por el valor de …». En ese momento se acercará adonde está el objeto en cuestión v, tras el pago, se le entregará.
Creemos que es una actividad creativa v vá­lida para todas las edades desde los estudian­tes de primaria hasta el equipo de animadores y animadoras de un centro juvenil. La expe­riencia así nos lo indica. Lógicamente, depen­diendo de los destinatarios habrá que acentuar más unos elementos que otros, pero la creati­vidad de cada equipo organizador dará con las adaptaciones necesarias.

XULLIO C. IGLESIAS

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