UNA FORMA DE VER A JESÚS A TRAVÉS DE LA OBRA DE SIEGER KÖDER

1 enero 2012

Jesús Javier Llorente
 
Como cristianos somos herederos de una iconografía y una manera de representar a Jesús que se ha ido construyendo a lo largo de los siglos. La manera de representar a Jesús es el resultado de una ecuación en la que influyen las técnicas pictóricas, la moda y el pensamiento teológico. Pensemos por ejemplo la diferencia que hay entre el Buen Pastor, un Icono o el Cristo de Velázquez.
 
Sobre el autor
Sieger Köder es uno de los pintones cristianos contemporáneos más famosos del mundo. Nació en Wasseralfingen (Alemania) en 1925 donde residió hasta completar sus estudios secundarios. Tras una agitada juventud en la que fue enviado al frente de la II Guerra Mundial a Francia, donde fue hecho prisionero, estudió para ser orfebre y grabador a la vez que asistía a la universidad de Stuttgart en Bellas Artes. Durante 12 años trabajó en la enseñanza del arte y como artista hasta que ingresó en el seminario y fue ordenado sacerdote a la edad de 46 años. En 2003 recibió el doctorado honoris causa en la facultad de Filosofía y Teología de los Salesianos de Benedikbeuern.
Los años pasados en la parroquia han inspirado la mayor parte de sus pinturas, podemos decir que hay una gran amornía entre sus dos vocaciones, sacerdote y artista. Köder es capaz de usar sus pinturas para predicar, cada uno de sus cuadros son cuidadas homilías que parten de la Palabra y se hacen imagen a través de una fuerte carga de color y simbolismo. Podemos decir que Köder es un predicador de imágenes.
 
Su estilo
Sieger Köder sigue, aunque tardíamente, la corriente artística que dominó con fuerza el comienzo del siglo XX en Alemania, el expresionismo. Se trata de una corriente que, inspirada en Van Gogh, no se limita a la forma artística, el contorno definido es despreciado a favor del contenido. Trata de expresar lo que el autor siente sin seguir los patrones formales o estéticos. Pretende que el espectador tenga un impacto emocional a través del color, las formas o una composición agresiva e imposible. El expresionismo no tiene ningún respeto por la perspectiva, la composición o el tratamiento de la luz. Se utiliza el color de una forma casi violenta, buscando formas muchas veces distorsionadas que quieren provocar una reacción en el espectador, reacción sentida con anterioridad por el autor. Muchas veces el autor añade elementos simbólicos en la composición, que no están en la realidad pero que añaden información a la escena representada. La forma de expresión es lineal y rítmica, siempre en búsqueda de la mayor simplificación posible tanto en color como en forma. En el fondo el objetivo de esta pintura es moldear la realidad para volcarse en la emoción interior.
 
El Jesús de Köder
La mayor parte de las obras de Köder representan uno o varios pasajes evangélicos. Son obras de un profundo significado teológico y catequético. Sin embargo, a pesar de que pueda parecer incongruente, muy pocas veces pinta el rostro de Jesús. La mayor parte de las veces aparece reflejada en el agua o en el vino, otras veces Jesús aparece cortado con una parte fuera de la escena. Köder quiere indicar de esta manera que lo importante no es la figura de Jesús, sino lo que Jesús transmite, hace o dice a aquellos con los que interactúa y por consiguiente con aquel que ve el cuadro. También es significativo las veces que buscar representar a Jesús fuera del cuadro, en el mismo plano que el espectador, busca, de esta manera indicar que Jesús sigue vivo hoy en la persona del que mira el cuadro.
Köder consigue, en sus obras, conjugar y poner de manifiesto la complejidad de la condición humana y la profundidad de la fe cristiana. Esto es resultado de su experiencia de la época nazi, sus estudios de teología y sus vivencias como párroco. Junto a los elementos teológicos suelen aparecer también referencias al mundo judío dotando a sus obras de integralidad fuera de lo común en otros artistas cristianos.
 
El camino de la cruz
Se hace difícil elegir, para este breve acercamiento a la obra de Köder, una o dos obras significativas o representativas.
Tal vez el lavatorio de los pies sea una de sus obras más conocida en España, pero si lo que queremos es ver de un modo más amplio su manera de representar a Jesús me parece que lo más lógico es elegir algunas obras del viacrucis.
En concreto, la que he elegido para este comentario han sido ilustraciones de la obraDa-Der Mensch (Ecce Homo), de Erwin Mock (ed.), Ostfildern, 1998 donde las podemos encontrar a color, en Alemania han sido publicadas en tarjetas postales y poster, en España son difíciles de conseguir pero podemos encontrarlas en la siguientes webhttp://desdedentrode.blogspot.com/2011/04/via-crucis-con-cuadros-de-sieger-koder.html y en  http://www.alfayomega.es/revista/2011/734/01_enportada1.php, donde además vienen comentadas por César Franco, obispo auxiliar de Madrid.
Soy consciente de la limitaciones que tiene la reproducción en blanco y negro y el tamaño de las imágenes elegido para esta publicación, que no dejan apreciar a la obra plenamente, pero si nos vale para un primer encuentro que te invito continúes a través de internet o en alguna publicación.
 
Notas para todas las imágenes
Como decíamos antes, son muy pocas las imágenes en las que aparece el rostro de Jesús, lo importante no es su figura sino lo que la rodea.
La cruz no aparece completa nunca, o bien aparece el palo horizontal o bien el palo vertical.  Cuando aparece el travesaño horizontal la imagen se complementa con una relación humana, bien de encuentro, bien de necesidad. Cuando en el cuadro es el travesaño vertical el que toma protagonismo es que Dios Padre tiene una presencia en la escena o una relación directo con lo que en ella está pasando.
En la obra de Köder el color tiene una gran importancia. En este camino de la cruz Jesús aparece siempre asociado al color rojo, color de la sangre. Su túnica es de color rojo siempre que la lleva puesta y blanca en las escenas «le despojaron de sus vestiduras» «echaron a suertes». Es fácil distinguir quién es Jesús en todas las escenas aunque sólo muestre sus manos ya que siempre habrá un trozo de tela rojo que mostrar o alguna mancha de sangre en el mismo tono que la túnica. María, en cambio, aparece vestida de verde, color de la naturaleza, símbolo de la vida sobre la tierra. En la iconografía bizantina tiene el significado de la renovación espiritual y se reserva para los profetas, aquellos quienes anunciaron la venida de Cristo. Los tonos oscuros se reservan para aquellos son los culpables de la muerte de Jesús, para los fondos, para los espectadores impasibles ante lo que está sucediendo.
En todas las imágenes hay una ausencia total a cualquier referencia en el espacio o lugar, en todos los fondos domina el negro, la noche y no hay referencias geográficas o de la naturaleza, lo importante es la escena en sí misma, no donde ocurrió. es una escena que se repite y actualiza ante el espectador, sin importar lugar o tiempo.
Dios Padre también se hace presente en este camino hacia la cruz. En algunas de las imágenes aparece una figura circular, bien blanca o bien negra, a modo de sol o luna en la parte superior del cuadro. Como si fuera un ojo que observa la escena, cuando es blanco es luz que acompaña, cuando es negro es tristeza y dolor.
 

Jesús carga con la cruz
Jesús ofrece la cruz «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16,24-25)
Destaca en esta escena, en un primer plano las manos de Jesús agarrado al madero, el gesto es casi como de muestra y ofrecimiento. Es un gesto parecido al del sacerdote al mostrar el pan y el vino en la consagración. Jesús nos está ofreciendo la cruz como estilo de vida. Jesús al cargar la cruz asume su misión y nos invita a nosotros a hacer lo mismo. Köder no busca el dramatismo en esta escena, las manos de Jesús se presentan fuerte y levanta el palo de la cruz de una forma ágil hacia arriba, es también un ofrecimiento de su vida al Padre.
Se hace necesario fijarse en la carga de color rojo en los brazos, las marcas de sangre y el fondo oscuro.
 

Jesús cae con la cruz
Esta escena nos permite contemplar la humanidad del Hijo de Dios que se derrumba ante el peso físico del madero, símbolo del peso de los pecados del mundo.
La escena vuelve a mostrarse dividida, esta vez por el travesaño horizontal.  En la parte inferior destaca claramente el rojo de la vestimenta de Jesús, la parte superior, en cambio es confusa y oscura. Jesús soporta sobre su espalda todos los vicios y pecados del mundo representados en esas figuras grotescas.
Quiero destacar la posición de la figura de Jesús, realmente no está aplastado por el peso de la cruz, sino que más bien es como si la estuviera sujetando. No parece que Jesús haya caído, sino que postrado sujeta el madero y todo lo que él conlleva, la mano derecha se apoya en la tierra, en la realidad, mientras que la izquierda sujeta el madero.
 

Jesús se encuentra con su madre
Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre (jn 19, 26-27).
De nuevo la imagen se encuentra dividida verticalmente, de nuevo los rostros se oculta. Sabemos que son Jesús y María por el rojo y el ver de sus túnicas, pero puede dar la sensación de que es un solo cuerpo que abraza la cruz, realmente no hay espacio físico detrás del madero para ocultar el beso de una madre dolorida. María abrazó la cruz con su hijo  acepta su misión, la pasada y la futura. Si Jesús nos ofrece la cruz a cada uno, María como madre de todos ya lo ha hecho.
Este encuentro se produce en la intimidad, a solas. No hay nada que perturbe la escena, ninguna referencia, ni un árbol, porque aceptar lo que Dios nos pide y decir sí implica que tenemos que poner todo nuestro corazón y todas nuestras energías en ello.

El paño de la Verónica
Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).
Esta es una de las composiciones muy del gusto de Köder. La escena se presenta desde el punto de vista de Jesús. La mujer que acaba de limpiar el rostro de Jesús lo muestra reflejado, porque hacer algo por los demás, por los enfermos y los débiles es reflejo de la vida de Jesús. El rostro de la mujer aparece tapado, no por vergüenza, sino porque lo importante es el rostro de su Señor que es lo que muestra. Unas manos desde abajo sujetan el cuenco, no sabemos bien de quién son, ni de dónde salen. El protagonismo de esta escena se lo ha llevado siempre la Verónica, pero son muchas las manos anónimas que desde la base, la tierra, lo real, se empeñan en curar y cuidar a tanto Cristo sufriente.
 

Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
«No lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos» (Lc 23,28).
Esta vez la escena se compone detrás de Jesús. Vemos su cuerpo de espaldas y es él el que hace la forma de la cruz. Sobre sus hombros se apoya el madero horizontal, símbolo de que la escena es tremendamente humana. Con la cruz a cuestas Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén, pero el autor da un paso más al dibujar mujeres y niños de todos los continentes. El mensaje de Jesús ya no es sólo para el pueblo de Israel, nación escogida, sino que se abre para todos. El futuro y la esperanza están en manos de esas mujeres que contemplan con horror la escena de la cruz y a las cuales Jesús a punto de morir consuela y anima.
Dios Padre se hace presente en la escena y la contempla desde arriba, es el sol que brilla en la tiniebla, que da luz, que nos habla de esperanza y nos dice que no todo está perdido. Apoya la acción de Jesús, junto al consuelo tenemos la esperanza.
 

Jesús es clavado en la cruz
«Han taladrado mis manos y mis pies y puedo contar todos mis huesos» (Sal 22 , 17-18).
Sin duda ésta es una de las imágenes más impactantes de toda la serie. Para representar el momento en el que Jesús es clavado en la cruz el autor nos muestra el momento desde los ojos de Jesús no hay referencias ni a la cruz ni a Jesús.
La escena se compone de dos elementos por un lado el soldado, por otro la gente que observa el dramático momento. El soldado, en movimiento, se dispone a golpear los clavos, no vemos su rostro ya que él no es el responsable de su muerte, es un simple operario que hace lo que le mandan. El resto de la gente que contempla la escena se dispone en círculo dejando en el centro  de nuevo a la figura circular que representa al Padre, esta vez en tono oscuro, haciendo referencia al momento de tinieblas en el momento de la muerte de Jesús.
 

Jesús en la cruz
Esta escena es el momento cumbre del camino que hemos recorrido, el momento de la muerte de Jesús en la cruz, sin embargo la cruz no aparece. En su lugar vemos dos elementos verticales a cada lado del cuadro, están llenos de caracteres hebreos. Es una manera de representar el velo del templo que se rasga y en el centro emerge la figura de Jesús crucificado, se rompe lo viejo y aparece lo nuevo, la nueva alianza de Dios con su pueblo se sella con la sangre de Jesús en la cruz.
En la representación lo importante no es el rostro sufriente de Jesús, sino su cuerpo magullado que es el que recibe una mayor carga de luz.
Al contrario que en el cuadro anterior en el momento de la muerte hay menos gente, pocos son los capaces de acompañar hasta el final, con todas sus consecuencias, el camino de la cruz.

Jesús Javier Llorente