Urgencia de evangelizar

1 enero 2009

“El hecho de predicar no es para mí motivo de soberbia.

No tengo más remedio. Y ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio1”

(1 Co 9, 16)

 
Del 3 de marzo al 12 de abril tuvo lugar en Roma, el XXVI Capítulo General de la Congregación Salesiana. El tema de estudio elegido fue el lema de la Congregación: Da mihi animas, cetera tolle, que expresa el proyecto personal de la vida de San Juan Bosco, Fundador de los Salesianos y, al mismo tiempo, la pasión apostólica y la sentida urgencia de evangelizar, especialmente a los jóvenes más pobres, por parte de toda la Familia Salesiana.
 
Aunque articulado en diferentes bloques, se trata de un tema unitario, que los Salesianos sentimos en la raíz de nuestro carisma y que pensamos que hemos de interpretar a la luz de la entrega apostólica, de la creatividad pastoral, del trabajo incansable, de la mística apostólica de Don Bosco. Esta tensión actualizadora del carisma, el Capítulo General la vive y la expresa en clave de discernimiento. El método permitirá la atención a la llamada de Dios, la confrontación con la situación actual y la proyección de los compromisos y orientaciones que se deben activar para el cambio, para responder a las exigencias actuales de la evangelización. Fruto de todo ello es el breve documento capitular, de carácter práctico y muy concreto, recientemente publicado.
 
En Misión Joven, hemos querido ofrecer una reflexión en torno a dicho documento, como aportación sencilla y humilde que la Congregación Salesiana ha hecho a la Iglesia en relación a la pastoral con jóvenes. Hemos seleccionado simplemente tres núcleos: volver a los jóvenes, necesidad de convocar y acompañar, y nuevas fronteras en la acción pastoral, precedidos de una visión general, de carácter transversal, de todo el documento.
 
Ante todo, a través de la lectura del documento desde la perspectiva pastoral José Miguel Núñez subraya algunas líneas clave que iluminan la praxis, estimulan a seguir caminando comprometidos con la caridad pastoral del corazón del Buen Pastor y abren nuevas sendas para un mejor servicio a los jóvenes del siglo XXI, destinatarios de un renovado anuncio del Evangelio.
 
Mirando a los orígenes, como propuso el concilio Vaticano II, la Congregación Salesiana ha sentido la necesidad de impulsar el ir y volver a los jóvenes, a los que considera también como “cofundadores” con Don Bosco. José Luis Moral analiza esta cuestión emblemática para la pastoral juvenil, poniendo en relación tres acepciones del verbo volver: tornar al lugar del que se partió, volver en sí, salir en defensa, con otros tantos ejes pastorales referidos a los jóvenes, la evangelización y los animadores. De esta manera es posible identificar el “volver a los jóvenes” con: repensar con y desde las nuevas generaciones, contemplar en los jóvenes la historia de Dios y firmar con ellos una nueva alianza educativa.
 
En el marco capitular tuvo lugar también un cuestionamiento amplio por la debilidad de la convocatoria y perseverancia vocacional en varias regiones del mundo. Pero lejos de la angustia por dicha sequía vocacional persistente, la reflexión y los trabajos capitulares tuvieron esta preocupación evangélica: la necesidad de convocar, “el gusto renovado de ayudar a los jóvenes a descubrir el proyecto de Dios. La síntesis de esta reflexión es la aportación de Miguel Ángel García Morcuende, que subraya la necesidad de echar raíces en Dios, de compartir y acompañar, de testimoniar y de suscitar el compromiso apostólico.
 
Finalmente, el documento se ocupa de la urgencia de hacerse presentes en los lugares de mayor degradación y necesidad, desde el punto de vista religioso, cultural, ecológico, social. Conscientes de que la misión es la razón de nuestro ser Salesianos y que las necesidades  y esperanzas de los jóvenes determinan nuestras obras y estructuras, el Capítulo General debatió detenidamente el tema de las “nuevas fronteras” donde los jóvenes nos esperan.José María Blanco aborda también esta cuestión con la mirada puesta en las situaciones de pobreza, marginación y exclusión de tantos jóvenes en tantas partes del mundo.
 
En el saludo que el Papa, Benedicto XVI dirigió a los capitulares, dijo: “Don Bosco constituye un ejemplo señero de una vida inspirada toda ella por la pasión apostólica, vivida al servicio de la Iglesia en el seno de la Congregación y de la Familia Salesiana. De san José Cafasso aprendió a abrazar el lema “da mihi animas, cetera tolle” como síntesis de un modelo de acción pastoral inspirado en la figura y en la espiritualidad de san Francisco de Sales. El horizonte en el que semejante modelo se sitúa es el de la primacía absoluta del amor de Dios, un amor capaz de forjar personalidades ardientes, deseosas de contribuir a la misión de Cristo para incendiar toda la tierra con el fuego se su amor”. Hoy, sin duda, urge alimentar esta pasión en el corazón de todo apóstol, urge que el amor de Dios nos llene de tal manera que nos mueva a transmitirlo, a ser signos y portadores de su amor entre los jóvenes.
 

EUGENIO ALBURQUERQUE FRUTOS

directormjmisionjoven.org