…Y MIENTRAS IBAN DE CAMINO… (LC 24, 15)

1 abril 2011

EL CAMINO DE SANTIAGO COMO PROPUESTA DE PASTORAL JUVENIL VOCACIONAL

Segundo Cousido, sdb
Salesianos de Santiago de Compostela
 
El Camino de Santiago se ha convertido en una alegoría del itinerario vital que cualquier ser humano, ya sea creyente o no, debe recorrer para encontrarse consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y (en su caso) con Dios. Es decir, que en la vida cada uno de nosotros somos peregrinos a la búsqueda de sentido.
 
A modo de preámbulo
No resulta novedoso, de ninguna de las maneras, hablar de la experiencia del Camino de Santiago con jóvenes como una experiencia de pastoral juvenil vocacional. Es más, últimamente han proliferado por cauces diversos reflexiones, propuestas, estudios, guías acerca del camino de Santiago que pueden iluminarnos en este sentido. Precisamente, ante esta sobreabundancia, lo que trataremos de hacer aquí será recordarnos algunos elementos que puedan contribuir a hacer de la experiencia del Camino de Santiago una auténtica experiencia, un auténtico camino.
 
Para comenzar a andar
Dado que hablamos de lo “no-novedoso”, ante todo resulta importante recordar los paralelismos más evidentes entre la experiencia del camino y la propia historia vital, ¡y cuántos más mejor!, y aquellos otros menos evidentes. Así el paralelismo entre:
–          Preparar la mochila y la experiencia para el camino… y preparar la mochila existencial para la vida (actitudes, criterios de vida…).
–          Las dificultades del camino… y las dificultades de la vida.
–          El bordón-apoyo del camino… y los apoyos en la vida.
–          La meta del camino (catedral y vuelta a casa: las dos son la meta del camino, o cuando menos la primera como ‘previo’ de la vuelta a casa)… y la meta de la propia vida.
–          La importancia de estar atentos y seguir las flechas… y aprender a descubrir signos que nos apunten a nuestra meta.
–          La apertura al encuentro gratuito con los demás peregrinos… y nuestra actitud habitual en los encuentros con los demás.
–          El descubrimiento y asombro ante el entorno del camino (naturaleza, arte…)… y el descubrimiento y asombro ante nuestros entornos más habituales.
–          La capacidad de vivir con cierta austeridad como opción durante el camino… y nuestra mayor austeridad-consumismo cotidianamente.
–          El cansancio, sensación y constatación de impotencia en determinadas etapas… y el sentimiento semejante en la propia vida.
–          …
 
Y podríamos continuar con muchos otros elementos que ayudan a hacer experiencia del camino.
 
Aspectos que hay que garantizar
Convencido de que la misma experiencia de camino da de sí y siempre, a poco que nos pongamos a tiro y no lo rehuyamos, acabará llevándonos al encuentro más hondo con nosotros mismos y con el misterio de Dios. De todas maneras apunto algún elemento:
 
La experiencia del camino. Es importante andar y caminar. El aspecto físico es el primero en el orden temporal y experiencial. Sólo desde él podremos ‘dar pasos’ a una experiencia pastoral. Por tanto, es importante ‘respetar’ más o menos las etapas, adaptándose siempre a los que realizan la experiencia. Sólo ello nos permitirá ir experimentando y luego compartiendo las emociones vividas.
El ‘rezo’. Digo rezo y no oración. De la misma manera que, aún transitando caminos que otros antes que nosotros han transitado, no haremos nuestro el camino hasta que lo hagamos personalmente y se convierta en un lugarelocuente para nosotros, también emplearemos palabras de otros para ir haciéndolas nuestras (entonces serán oración), haciéndolas elocuentes y generando otras nuevas. A modo de sugerencia propongo al comienzo del día un salmo de peregrinación y un texto bíblico con alusiones al camino y al final de la jornada, el rezo de ‘completas’ incluyendo también el momento ‘diario del peregrino’. De la misma manera resulta muy significativo participar a lo largo de la peregrinación en la Eucaristía y celebrar la Reconciliación.
El encuentro con los otros, con las otras. La experiencia del camino se traduce, habitualmente en una experiencia de solidaridad insospechada en muchas ocasiones… solidaridad con otros peregrinos ante todo, que caminan con dificultad y sufrimiento, que (te) narran y (te) entregan su vida, sus dificultades personales, sus sufrimientos más hondos; sin embargo, solidaridad también con las gentes de los lugares por los que pasamos, que ofrecen su hospitalidad y acogida sencilla, o aquellas gentes más avispadas pensando en cómo sacar partido a los peregrinos…; solidaridad con aquellos que de modo permanente, y no por opción, viven la experiencia de precariedad y provisionalidad que se puede vivir en el camino. Solidaridad material y solidaridad espiritual.
La oportunidad de dedicar tiempos a pensar (la propuesta que más veces he vivido con grupos pequeños de jóvenes adultos es caminar por la mañana y por la tarde descansar, compartir, trabajar algún tema…) en algún aspecto que uno considere oportuno-necesario aclarar en su vida… ya sea ayudado de algún texto, ya sea de otra manera. De modo singular creo que es una buena ocasión para abordar el tema del propio camino de la vida, de una lectura orante continuada de relatos evangélicos. La experiencia de haberlo hecho con el evangelio de Marcos y algunos relatos de Lucas ha sido positiva.
El cuidado de la dimensión simbólica (sacramental) de la que está preñada toda la experiencia del camino, desde lo más superficial a lo más profundo, porque nos permitirá experimentarlo mucho más, nos permitirá desarrollar nuestra capacidad de admiración y asombro (lejos de narraciones alcanforadas): las flechas amarillas (como la gratuidad de la ayuda y la importancia de dejarse ayudar), la concha de vieira o la Compostela (como recuerdo de la experiencia vivida y de los motivos que nos llevaron a hacerla…), la naturaleza…
 
Precisamente porque el Camino de Santiago…
–          …nos acerca al mundo de los pobres,
–          …nos acerca a las personas, sin barreras,
–          …nos acerca a nuestra capacidad de sufrimiento, pero también a nuestra capacidad de superación,
–          …nos acerca a nuestra capacidad de admiración,
–          …nos acerca a la creación,
–          …nos acerca de modo nuevo a las palabras de Jesús “Yo soy el camino” y a sus implicaciones.
–          …nos abre la posibilidad de un encuentro con lo trascendente, con Dios,
–          …nos ofrece una meta que alcanzar y un horizonte que merece la pena,
–          …nos desvela que nuestro camino es único aunque compartido…
 
… quizás tendríamos que ir más a las fuentes de ese gozo y descubrir aquello de que mientras vamos de camino, y nunca fuera de él, Jesús en persona sale a nuestro encuentro y camina con nosotros. ¿No hay aquí también una llamada a vivir una vida más austera, compartida, apasionada, natural, libre, trascendente, intensa y comprometida?
 

 Segundo Cousido

 
Ante las múltiples propuestas, a nivel teórico-práctico me permito sugerir la lectura íntegra del número 94 de la Revista Sal Terrae  (junio 2006), bajo el título: “Tú Apóstol alienta a los que peregrinan”. El Camino de Santiago. Otras revistas de pastoral (esta misma de Misión Joven, Vida Nueva…) han ofrecido diversidad de materiales, especialmente con ocasión del Año Santo Compostelano.