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- Vivimos en un mundo en el que coexisten la luz y las tinieblas. Aspirando a la luz, ¿nos embargará una duda? Un místico ruso, lejos de inquietarse, escribía: «Yo soy un hijo de la duda y la increencia… Mi `hosanna’ ha pasado a través del crisol de la duda». (Dostoievski).
¡Feliz quien camina de la duda hacia la claridad de una esperanza!
- Como se disipa la niebla de la mañana, así se iluminan las noches del alma. Y hasta en los desiertos del corazón brota la frescura de las fuentes. No una esperanza ilusoria, sino una esperanza límpida, que actúa en lo concreto de las situaciones. Esta esperanza induce ante todo a comprender, a amar.
- La vida de quien busca amar con la compasión del corazón se llena de una belleza serena.
Si se perdiera la compasión, fuego interior de una inagotable bondad, ¿qué nos quedaría?
La compasión toca lo profundo del ser. Reaviva la inocencia y permite ver al otro tal como es.
- El que elige amar y decirlo con su vida se preguntará un día: ¿cómo aliviar el sufrimiento humano, tanto si está cerca correo lejos?
Incluso con una fe muy pequeña, ¿podemos darnos cuenta de que Dios llama a cada uno?
El Evangelio permite comprender que no hay mayor amor que ir hasta el fin del don de sí mismo.
- Cuando Dios llama a una vocación para toda la vida, invita a acoger esa vocación para siempre. Si surgen obstáculos nos sorprenderemos rezando: Espíritu Santo, tú eres el guardián de una vocación para toda la vida, haz que no me pare en el camino.
¿Surgirá una duda? El deseo de Dios no se desvanece por eso. Cuatro siglos después de Cristo, un creyente escribía su certeza. «Si tú deseas ver a Dios, ya tienes fe…» (San Agustín).
Si tenemos el simple deseo de acoger la presencia de Dios, en lo más profundo del ser se enciende urna llama.
¿Será esta llama de amor solamente un pálido resplandor? Lo asombroso es que resplandece siempre. Muy interior, esta llama permite atravesar las largas noches apenas luminadas.
- Y se realiza en nosotros como un cambio… El Evangelio transforma nuestra vida y nuestro corazón.
Cuando nos asalta la melancolía, el aburrimiento, el desencanto, hay que tomar una decisión: disponernos a realizar un cambio interior que nos abra a una alegría del Evangelio. Abandonarnos al Espíritu Santo, confiándoselo todo ahora y siempre, para que la esperanza, impulso del amor, recobre vida.
- En un mundo en el que coexisten la luz y las tinieblas hay hombres, mujeres, jóvenes y niños que son portadores de luz en la familia humana. Su simple presencia creadora es luz a su alrededor, incluso si no se dan cuenta.
Ellos aman y lo expresan con su vida. Abren los ojos a la angustia de los inocentes, de niños o jóvenes marcados por rupturas afectivas. Quisieran ser solidarios con tantos jóvenes cuyo futuro es incierto.
Hacen suyo el espíritu de las palabras escritas hace casi tres mil años: «Los designios de Dios para vosotros son designios de paz y no de desgracia. Él quiere ofreceros un porvenir y una esperanza».
- Si nos dejamos revestir por el perdón como por un vestido, presentiremos una transfiguración de nosotros mismos.
Si el amor que reconcilia llegara a ser una brasa ardiente en nosotros…
Si la compasión del corazón estuviera al comienzo de todo…
… a nuestro alrededor se irradiaría, incluso sin darnos cuenta, una transparencia del Evangelio… y se iluminarían estas palabras: ¡Ama y dilo con tu vida!
Hno. Roger Schutz
PARA HACER
Éste es el mensaje del hermano Roger a los jóvenes con vistas al encuentro que reunirá miles de ellos del 28 de diciembre de 1997 al 1 de enero de 1998 en Stuttgart (Alemania), coincidiendo con la celebración de los 20 años de dichos encuentros. El texto se meditará también en Taizé semana tras semana en las reuniones europeas de jóvenes. Realizar también esa meditación en cada grupo.
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