Científico convertido: Diácono, padre de seis hijos y cristalógrafo de renombre

1 noviembre 2012

 

Serguey Vladimirovich Krivovichev, nacido en 1972 en Leningrado (actual San Petersburgo), es una autoridad mundial en la ciencia cristalográfrica, ha colaborado en el descubrimiento de 25 minerales nuevos en yacimientos rusos e incluso tiene un mineral bautizado con su nombre: ¡la krivovichevita! Especialista en el ámbito de análisis estructural por rayos X, es autor de más de 400 descifraciones estructurales. También es diácono casado, cristiano ortodoxo y padre de seis niños. Fe, familia y ciencia se unen y complementan en su vida. Pero no siempre fue así: «Yo había crecido en una familia de científicos: papá era profesor, mamá era docente… Y ninguno de los dos era creyente. Cuando comencé a estudiar el último año de bachillerato, descubrí que muchos de mis coetáneos discutían sobre la existencia de Dios. Me parecía un tema retrógrado. Estaba interiormente dispuesto a no ceder ante tal obscurantismo», recuerda Serguey.
El resplandor
¿Qué pasó? «Pasó» la literatura rusa. «¡Me convertí con una sola clase de literatura rusa! Recuerdo que tomé muy a pecho mi falta de principios. La visión cristiana de la literatura de mi profesora, Irina Gueorguievna, me mostró el resplandor de la Vida Eterna. Eso fue dos años antes de mi bautizo».
¿Y sus padres? «Les preocupaba muchísimo mi acercamiento a la Iglesia. Se ponían nerviosos con mis ayunos, temían que dejaría la ciencia… Dejé de fumar. Y sin embargo, mis padres no dejaban de preocuparse. Así, a mi madre no le gustaba que pasara días enteros en casa leyendo, en vez de salir con los amigos. Así que, cuando les presenté a Irina, los dos exclamaron: “¡Por fin!”
Irina es su esposa y la mente organizadora de la numerosa familia Krivovichev. Se conocieron en 1993 por casualidad, en la universidad en que ambos estudiaban. Ella ya era cristiana. Los dos coincidían en tener un gran sentimiento de amor a la patria, en una época de desencanto en la cual esto no era común.
La carrera del joven investigador fue fulgurante: tesis doctoral con 25 años; tesina de doctor habilitado a los 29. Fue profesor enseguida en la cátedra de cristalografía de la Universidad Estatal de San Petersburgo, recibió la medalla de jóvenes científicos de la Sociedad Rusa Mineralógica, y después la de jóvenes científicos de la Academia de Ciencias de Rusia y la de la Unión Europea Mineralógica.
«Donde nadie miró antes»
«Estamos descifrando las estructuras cristalinas de los compuestos, el empaquetamiento interno de los átomos. De hecho, descubrimos una nueva realidad. ¡Estamos echando un vistazo a donde nadie ha mirado antes! Y una vez visto aquello, ya no te imaginas la vida sin esta belleza oculta. Este trabajo da una alegría intelectual y espiritual. Como decía el académico Bogoliubov, no existen físicos que no sean creyentes. El trabajo científico presupone una intuición espiritual muy fina. En fin, la ciencia no se basa en la racionalidad sino en la contemplación».
¿Clérigo y científico?
En 2004, siendo ya una celebridad que había vuelto del extranjero para investigar en Rusia, fue ordenado diácono. «Siempre lo deseé», explica.
«Nosotros decimos que descubrimos una ley. Eso presupone que tal ley ya existe. Eso significa que existe una totalidad de conocimientos de las leyes de la naturaleza. Entonces, debe existir algo, o mejor decir, Alguien que contenga la totalidad de la información, Aquello que está por encima de la información. Sabemos, que sólo una persona espiritual (como el hombre) puede ser un contenedor activo y creativo de los datos. Lo que significa que el contenedor de la totalidad de la información, de una sabiduría absoluta, una razón absoluta, también ha de ser una Persona… Y los chicos –seis hijos– se quedan pensando en estas preguntas».

P. J. Ginés/ T. Fedótova / ReL

26 abril 2012

 

 

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