Curación del drogadicto

1 enero 1997

En aquel tiempo un joven se acercó a Jesús. Por sus ojos húmedos y el temblor de sus manos supieron todos que era drogadicto.

 

– Maestro, te lo suplico, apaga esta sed que me abrasa. Desde hace días me niegan el agua en las posadas y me rehuyen los caminantes. Noto que las fuerzas poco a poco me abandonan pero no quiero morir. Ayúdame. Tú eres la Medicina Suprema, el Hombre Que Nos Cura.

Jesús, conmovido por aquella Fe, sonrió dulcemente. Le preguntó:

– ¿Cuantos años tienes?

– Diecisiete, Señor.

Cristo tomó las manos del joven, secas y frágiles, entre las suyas y elevó los ojos. Al instante cerraron las heridas y desaparecieron los temblores. De la muchedumbre surgió un murmullo, pues la curación de drogadictos estaba prohibida, pero un gesto del Maestro impuso Silencio:

– ¡Ay de aquellos que desprecien a estos hermanos suyos y les llamen impuros! Más les valdría errar por sus barrios y caer en sus pozos. Pues sabed que en los perseguidos vive el Padre y que un gramo de su Fe vale más que toda vuestra cosecha de oraciones y sa­crificios. Ellos os precederán en el Reino.

Y, abriéndose camino entre el gentío, abandonó la ciudad seguido de sus discípulos más fieles. El joven al que había curado se unió para siempre a ellos.

Francisco Pérez Polo

PISTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. Comparar esta parábola con algunas de las curaciones que aparecen en los Evangelios (Mt 8, 1-4 y 9, 1-8; Mc 2, 1-12 y 9, 14-29; Jn 9, 1-12…) ¿Qué elementos tienen en co­mún? ¿En qué se diferencian?
  2. Hacer una lista de personas y colectivos que hoy necesitan ser curados. ¿De qué manera podrías tú colaborar en esa curación? ¿De qué modo les estamos “negando el agua”?
  3. ¿Qué elementos de tu vida, de tu persona o de tu carácter están «enfermos»? ¿Qué me­dicina crees que sería la adecuada?
  4. «El joven se unió para siempre a ellos».Cristo está presente en nuestra vida pero. ¿hasta dónde estarías dispuesto a seguirle? ¿Cómo?

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