Disciplina

11 marzo 2020

La palabra “disciplina” proviene del latín “discipulus” y significa “imponer un orden necesario para poder llevar a cabo un aprendizaje” (Corominas, 1973). Creo que en el mundo de “ofendiditos” en el que estamos es una palabra que, como dicen los adolescentes, no es muy “popu” (popular).

Imponer un orden para poder aprender…“ ¿Dónde se ha visto eso? Y sin embargo… ¿Podemos hablar de aprendizaje o de innovación educativa si no hay orden y disciplina? Claramente, no. Un alumno que no acepta las normas de su comunidad docente no aprenderá (Navarra, 2019: 147)

El problema principal es que los niños y los jóvenes no están aprendiendo en general lo que es más deseable aún que la disciplina, la autodisciplina, porque los adultos les estamos convirtiendo en inmaduros eternos haciéndoles lo que deberían hacer por ellos mismos. Les estamos sobreprotegiendo y como dice la psicóloga Inma Puig: “La sobreprotección no es compatible con la evolución natural ya que no te permite crecer. Los seres humanos necesitamos que nos pongan límites” (Puig, 2019: 65).

Uno de los grandes problemas es que los jóvenes no soportan el límite y la norma porque están acostumbrados a obtener con facilidad todo lo que desean. Así nos encontramos niños incapaces de levantarse por sí mismos, caídos en un patio cuando son pequeños, o cuando son “jóvenes adultos”, incapaces de ir a hacer la prueba de acceso a la Universidad ellos solos, siempre socorridos por padres y madres solícitos que les llevan bolígrafos y bocadillos para que el niño “nos apruebe con buena nota” (Millet, 2018).

¿Estamos generando niños bipolares? Un poco sí. Son inseguros, manojos de miedo y ansiedad y a la vez, como dice la periodista Eva Millet (2018), “niños altar” que parece que deben ser adorados y exhibidos para ser admirados, con muchos derechos y pocos deberes y encima, a hacer esos pocos deberes, hay que ayudarles.

Parece que el marketing de “sonrisa Profident” y de vida feliz ha hecho que nos esforcemos en lograr un concepto de felicidad que se basa en no tener problemas, en meter a los niños y adolescentes en una burbujita donde nada pueda dañarles (Millet, 2018). Y sin embargo no hay nada más importante que un “no” a tiempo (Navarra, 2019: 59), porque el límite ayuda a quitar el estrés de no saber qué se puede y qué no se puede hacer.

Además, cuando somos capaces de soportar las pataletas, las malas caras o las malas contestaciones por decir no, por poner un límite, les estamos transmitiendo cuánto nos importan, porque “que nos pongan límites es una forma de saber cuánto le importamos al otro” (Puig, 2019: 66).

Si queremos educar a las nuevas generaciones, debemos ayudarles a forjar el carácter y a desarrollar el lóbulo prefrontal, es decir ayudarles a que sean capaces de llevar a cabo las funciones ejecutivas, o lo que es lo mismo, aprender a planificar y controlar sus conductas, a asumir la toma de decisiones y las consecuencias de sus actos, a saber inhibir ciertas respuestas cuando sea necesario y en general a poseer un buen autocontrol (Mora Teruel, 2013: 148).

Amor y exigencia son las dos claves que Don Bosco usó con sus primeros alumnos y que cristalizaron en el Sistema Preventivo. Además, el arte de educar en clave salesiana pasa por encontrar el equilibrio entre amor y deber, de hecho, la alegría salesiana brota del deber cumplido y la presencia constante del educador que pone a los alumnos “en la imposibilidad de pecar”.

Solo si somos capaces de no infantilizar a los jóvenes, de ayudarles a asumir responsabilidades reales (Marina, 2014: 32), y darles amor en forma de confianza, dejando claras las normas, les ayudaremos a vencer la frustración y a ser capaces de buscar la autodisciplina.

No queremos fotocopias de nuestra generación, la fotocopia, ya se sabe, siempre sale un poco peor. Queremos originales, capaces de enfrentar, con un carácter recio, la incertidumbre de un futuro que se nos cuela por la gatera y nos va a pillar con adultos muy conectados, pero de carácter débil, ansioso y frustrado.

La disciplina es uno de los mejores regalos que podemos hacerles. ¡Haz tu parte educador salesiano!

Jesús Manuel Gallardo Nieto

Referencias bibliográficas

  • Corominas, J. (1973). Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid, España: Gredos.
  • Marina, J. A. (2014). El talento de los adolescentes. Barcelona, España: Ariel.
  • Millet, E. (2018). Hiperniños: ¿Hijos perfectos o hipohijos?. Barcelona, España: Plataforma Editorial.
  • Mora Teruel, F. (2013). Neuroeducación: solo se puede aprender aquello que se ama. Madrid, España: Alianza Editorial.
  • Navarra, A. (2019). Devaluación continua: informe urgente sobre alumnos y profesores de secundaria. Barcelona, España: Tusquets.
  • Puig, I. (2019). La revolución emocional. Barcelona, España: Penguin Random House.

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