La soledad del laberinto

1 junio 2011

Esta imagen de Pablo Amargo ilustraba un artículo de Ramiro Calle en Estilos de vida de La Vanguardia (6.2.10) titulado “El paro se acaba y sigo sin trabajo”. En España, en mayo de 2011, hay casi 5 millones de parados oficiales (inaguantable) y, entre los jóvenes, son más del 40 por ciento… Pero la imagen puede referirse a otros temas distintos del desempleo. En algún momento se puede guiar al grupo preguntando.  ¿Cuál sería hoy el laberinto de los jóvenes? ¿Cómo salir de él?

La imagen

  • Vemos la imagen. ¿De qué va? ¿Qué pasa ahí?
  • Nos centramos en ella personalmente: ¿Qué nos dice? ¿Qué nos sugiere? ¿Qué sentimientos nos provoca?
  • Profundizamos y aplicamos lo que vemos a otras realidades: ¿Qué nos recuerda?
  • ¿Con qué la relacionamos?

El laberinto

  • El conjunto de la imagen lo compone una serie de sillones que forman… un laberinto. ¿A qué nos suena ese laberinto?
  • Lo que podría ser un lugar de acogida (sillones, sofás…) se transforma en una cárcel de la que no se puede (o no se sabe) salir. ¿Por qué se transforma en eso? ¿Por qué no podemos salir?
  • El conjunto lo forman 16 módulos: el cuadrado perfecto de un cuadrado perfecto. ¿Qué estructuras nos aíslan?
  • Cada uno de esos 16 módulos es una pieza que puede ser distinta a las demás… Damos nombre a cada uno de ellos simbolizando a las cosas que nos atrapan y no nos dejan ser libres.
  • Porque podría no ser un laberinto…, pero lo es. ¿Cuáles son nuestros laberintos?
  • Y el resultado es que nos quedamos anclados. ¿Qué nos ata?

El personaje

El personaje es una chica. De eso partía el artículo: “Le escribo para decirle que no puedo más. Tengo 30 años y me siento como si tuviera 70 y mal llevados. Soltera, sin trabajo, estoy muy irritable, no tengo independencia, tengo casi dos carreras, he hecho cursos, voy a clases de Inglés, creo (mi autoestima ha bajado mucho) que soy medianamente inteligente, estoy deprimida, se me acaba el paro, no encuentro trabajo de nada, me harto a enviar currículos, lloraría por todo y todo me molesta. ¿Qué ocurre? ¿Qué hago mal? Estoy atascada y eso me da mucho miedo…”

  • El personaje es una chica pero podría ser un chico. ¿O no? ¿Sería distinto el laberinto?
  • Está de espaldas: no se le ve el rostro. ¿Quién podría ser? ¿Por qué esta así?
  • Está sentada: ¿Qué podría simbolizar? ¿Cómo ha llegado a esa situación? ¿Por qué sigue ahí?
  • Está sentada en el séptimo sillón: ¿En qué sillón (de los que hemos señalado antes) estamos sentados nosotros?
  • Antes hemos puesto un nombre a cada sillón… ¿Cuál es ese en el que ahora está sentada? ¿Qué nombre podría tener?
  • Está sentad mirando hacia adentro. ¿No podría sentarse mirando hacia afuera? ¿Qué tendría que hacer para ello?¿Qué diferencias habría?
  • Esa chica podemos ser nosotros: ¿Cuándo nos hemos sentido como esa persona? ¿Cuándo hemos actuado como ella?

La respuesta

El autor después le da respuesta: “Estás en una situación difícil, pero seguro que transitoria… Te ha tocado esta fase de desafío y aprendizaje…”

  •  Pero eso puede cambiar. ¿Qué tendríamos que hacer para ello? Concretamos qué hacer y cómo actuar. Lo pensamos para llevar a cabo acciones personales y también colectivas.
  • “Tú utilizar el término reto… La vida se te ha convertido en un reto, en desafío y en dura maestra.” ¿Cuáles son nuestros retos?
  • “Si no te deprimes, si logras transformar los enemigos en aliados, te hará emerger con nueva fuerza, perspicacia, ecuanimidad y hasta creatividad” ¿Cómo vamos de esta cualidades?
  • “Hay ‘noches oscuras del alma’ y tú estás pasando por una de ellas. Pero ‘justo en el punto más oscuro de la noche, comienza el amanecer’”. ¿Cómo han sido nuestras noches oscuras?
  • La respuesta, de todas formas la tiene cada uno. ¿Cuáles han sido o pueden ser nuestras respuestas?

Herminio Otero

 

 

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