Misión Joven | Diciembre 2021: Camino creyente y crisis de fe

1 diciembre 2021

Aprender a vivir es un noble oficio que nos ocupa toda la existencia. Cuando creemos que hemos alcanzado niveles sensatos de equilibrio personal y nuestro tren traquetea por plácidos valles nos sobreviene, así —de pronto—, un descarrilamiento emocional, un descoloque vital, un choque frontal contra ti mismo al descubrir que has equivocado las claves existenciales. De buenas a primeras sopla el viento de otro lado; justo cuando habías cogido el tranquillo a esto de vivir.

No puede ser casualidad. Solo porque has vivido, te das cuenta de que podría haber sido de otra manera. De no haber arriesgado, de no haber apostado con audacia, quizás los días continuarían siendo plácidos a la sombra de un árbol en tu jardín, con un buen libro en las manos y, de fondo, el murmullo de la vida cotidiana como una banda sonora sin sobresaltos. Pero la realidad es otra. En el camino de la fe, nadie te avisa de que de pronto tu cordada se rompe y quedas colgando de un arnés a la espera de un rescate que parece que nunca va a llegar. En ese intervalo que va desde la suspensión en el vacío hasta el abrazo del rescatador, a uno le da tiempo de todo. De elevar muchas plegarias al cielo, de creer que te precipitarás al

abismo sin remedio y de soñar con volver a poner los pies en el suelo prometiéndote a ti mismo aprender de la lección. Cuando por fin alguien te echa una manta encima para abrigar tu tiritera y te susurra “ya está, todo ha terminado”, abres los ojos agradecido a la vida que te da nuevas oportunidades y te aferras al deseo de intentarlo de nuevo con todas tus fuerzas sin nada que perder, definitivamente.

Ocurre entonces que en tu nueva vida descubres que no hay más afanes en tu búsqueda que ser tú mismo, ni más anhelos que una existencia lograda en la que no traiciones a quienes quieres. Y, desde ese momento, todo cambia. Es una especie de éxodo interior en el que no anhelas ni cebollas ni ajos de ningún Egipto, ni sientes nostalgia de lo que fue, ni te interesa nada de lo que viviste. Solo quieres mirar hacia adelante dejando que la sed alumbre la búsqueda.

Todos vivimos nuestro camino de Damasco. Una caída, rodilla en tierra, que nos ciega por un tiempo. Después de haber buscado en la tierra media de nuestras contradicciones, de haber sorteado huracanes y fuegos, de haber sobrevivido a terremotos y tempestades, hay otra brisa que nos susurra al oído que es por aquí. Y Dios sostiene. Y acompaña. El camino creyente vive sus crisis. Y pueden ser oportunidades para descubrir que hay otras veredas. En el acompañamiento de personas, agentes de pastoral, jóvenes, adultos con mucho camino recorrido… necesitamos hacernos compañeros de viaje también en situaciones oscuras,

momentos de dolor y desconcierto o cuando todo parece haber perdido el sentido. Los jóvenes viven —en no pocas ocasiones— situaciones de incertidumbre y crisis existenciales que los descolocan, a las que no saben ponerle nombre o en las que no saben cómo orientarse para encontrar una salida. Los agentes de pastoral, habiendo vivido en primera personas situaciones parecidas en nuestro propio camino, hemos de saber acompañar con maestría todos estos momentos de oscuridad que requieren de puntos de referencia para orientarse en la espesura del bosque.

Hemos querido reflexionar en este número de MISIÓN Joven sobre las crisis de fe en la experiencia creyente. Lo hemos hecho desde tres perspectivas complementarias: un acercamiento antropológico, una relectura de la experiencia de los grandes creyentes bíblicos y la mirada de quien acompaña procesos de crisis de distinta naturaleza en el corazón de hombres y mujeres creyentes:

  1. Miguel Ángel Álvarez Paulino, salesiano, nos ayuda a reflexionar desde su profundo conocimiento de la Escritura, sobre la experiencia de crisis en el camino de algunos creyentes en la Biblia. A través de su lectura sapiencial nos descubre algunas claves desde las que poder enfrentarnos a los momentos de oscuridad de la fe.
  2. Luis Rosón Galache y Tiziano Conti, salesianos y profesores de la Universidad Pontifica Salesiana de Roma, profundizan en las raíces antropológicas de la crisis creyente y ahondan en el sentido de Dios en momentos de zozobra y rotura interior.
  3. Teresa Iribarnegaray, seglar y casada, nos ofrece su experiencia en el camino de acompañamiento de procesos de fe en crisis. A la luz de su amplia experiencia, la autora profundiza en las actitudes del acompañante para poder sostener, alentar e iluminar a las personas que se nos confían.

En este mes de diciembre, aprovecho para felicitar a todos nuestros lectores deseándoles una Navidad llena de luz. Que el año que estrenamos sea una nueva oportunidad para seguir recorriendo caminos pastorales con los jóvenes a los que somos enviados y podamos hacer resonar en medio de ellos la Palabra de Dios que en estos días celebramos en la pequeñez de un recién nacido. ¡Feliz Navidad!

José Miguel Núñez

misionjoven@pjs.es

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Pero sobre todo (queridos jóvenes), de una manera o de otra, sean luchadores por el bien común, sean servidores de los pobres, sean protagonistas de la revolución de la caridad y del servicio, capaces de resistir las patologías del individualismo consumista y superficial (ChV 174).