Misión Joven | Julio-Agosto 2021: ¿Evangelizadores evangelizados?

7 julio 2021

Según la última encuesta de la Fundación Santa María, los jóvenes españoles muestran escaso interés por la religión (el 48% dice que la religión no es nada importante): solamente en 10 años, los jóvenes católicos se han reducido más de un 20% y actualmente solo un tercio (33%) se consideran católicos.

Sin embargo, aumenta la influencia de las creencias en la vida cotidiana de los jóvenes. No necesariamente identificadas con las tradiciones religiosas monoteístas. Es curioso que “el 68 % de los jóvenes cree en el karma y en torno a la cuarta parte en las artes mágicas: brujería, chama- nismo, personas con poderes especiales; la predicción del futuro (leer las manos, tarots, horós- copos, astrología etc). Resulta muy llamativo, asimismo, que esta explosión posmoderna de lo sagrado, con la incorporación de creencias ajenas al catolicismo, haya arraigado no tanto en lo no creyentes, como podría pensarse, sino precisamente entre los ‘católicos practicantes’ y los ‘muy practicantes’, que es entre quienes en mayor grado se han asentado este tipo de creencias”.

Para muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo, Dios ha dejado de ser “un problema”… Sencillamente, no interesa. Hemos escuchado a mucha gente decir “Yo soy agnóstico”. Y lo que realmente quieren decir es que no les interesa la religión, que les da igual o que no les preocupa. “Ser agnóstico” es una postura creciente en la sociedad plural y secularizada de occidente y en esta “tierra de nadie”, muchos han aprendido a vivir sin Dios. Para los que se sitúan en esta franja de la “indiferencia religiosa”, Dios es una hipótesis innecesaria que nada tiene que ver con la vida de cada uno. La ética, para casi todos, es algo privado más allá de normas o creencias tra- dicionales. Se puede vivir sin Dios y disfrutar del estrecho margen que la vida nos concede, sin dejar espacio a preguntas sobre el sentido o sobre el más allá que nos distraen de lo inmediato y de lo aparentemente urgente.

Como refleja la citada encuesta, no es difícil percibir también a nuestro alrededor una especie de religión “invisible”, relegada al ámbito de lo privado y que ha dejado espacio a otros fenómenos religiosos que van ganando terreno: fundamentalismos, sectas y otros movimientos esotéricos hacen su agosto en el variopinto mercado actual. No pocos jóvenes se entregan con pasión a lo que muchos llaman ya la “religión sustitutiva”: el deporte, la música, la noche y otros fenómenos de masas han ocupado su lugar.

En este cruce de caminos, la presencia del cristiano en medio de esta sociedad plural y secularizada debe hacerse “propuesta”. A todos los indiferentes, el testimonio de vida del seguidor de Jesús y el anuncio que “da razón de la propia esperanza” (1 Pe 1, 13) no les debería pasar desapercibidos. Puede que la fe esté más a la intemperie que en otras situaciones, pero es el momento para la autenticidad y la coherencia de la propia vida entendida como servicio soli- dario en la causa de los hombres; es la ocasión para el anuncio sereno que se hace propuesta de vida y esperanza para el mundo.

Los cristianos seremos creíbles cuando no renunciemos a ser lo que somos y no nos ca flemos escondidos en otras maneras de vivir adorando a otros dioses escondidos en los reco- vecos de la vida diaria. Seremos creíbles cuando dejemos transparentar que hay otra manera más fraterna y solidaria de vivir que se alimenta en la mesa cotidiana de la Eucaristía. Seremos significativos cuando, compasivos, nuestros ojos reflejen la mirada de ternura de Dios tenaz- mente empeñado en que el hombre viva. Seremos – en fin – una palabra que merezca ser escu- chada cuando estemos definitivamente del lado de los más pequeños y nos empeñemos en sostener y alentar a los últimos. Entonces, solo entonces, estaremos diciendo a todos que Jesucristo nos ha revelado el rostro misericordioso de Dios dando sentido a nuestra historia.

Por eso hemos querido reflexionar en MISIÓN Joven sobre la necesidad de evangelizadores evangelizados en nuestras comunidades, esto es, de creyentes profundamente enraizados en Jesucristo que dejan que el Evangelio penetre en los vericuetos del corazón y transforme radicalmente su modo de vivir, haciendo creíble el anuncio. Hemos articulado la reflexión en torno a cuatro cualificados estudios:

  • El profesor Juan José Bartolomé Lafuente, en su artículo “Solo evangelizan los que están evangelizados. Recordando a Pablo apóstol” plantea como tarea urgente e ineludible en la Iglesia, en estos tiempos de increencia militante, evangelizar al evangelizador. La figura de San Pablo es, en esta propuesta, verdaderamente inspiradora.
  • En su reflexión “Los procesos formativos de los educadores de fe”, el profesor Santiago García Mourelo, buen conocedor de la realidad juvenil y con amplia experiencia en el acom- pañamiento de los procesos de educación en la fe, plantea algunos criterios para la forma- ción y algunas urgencias que afrontar en la formación de los evangelizadores, inspirándose en el magisterio del Papa Francisco.
  • Francisco Ruiz Millán, psicólogo y experto en la gestión de centros educativos, en su estu- dio “Educadores cristianos alejados: caminos de vuelta a casa” plantea una relectura de las causas que, en el contexto actual, pueden conducir a los educadores cristianos a alejarse de la Iglesia. El autor nos propone en su artículo algunos caminos de acompañamiento en el retorno a la comunidad cristiana.
  • El conocido cantautor cristiano Nico Montero nos propone recuperar una nueva conciencia evangelizadora en su reflexión “El evangelizador en contextos de increencia. Retos y pers- pectivas”. Y propone hacerlo con audacia y creatividad, desde el respeto a la pluralidad y la mirada cálida a la multiculturalidad, compartiendo su experiencia evangelizadora incisiva y transformadora en ambientes secularizados

José Miguel Núñez

misionjoven@pjs.es

También te puede interesar…

Misión Joven  | Junio 2021:  Transhumanismo

Misión Joven | Junio 2021: Transhumanismo

Nuevo número de la revista Misión Joven – Junio 2021| “No solo poseemos mucho más poder que nunca antes, sino que, contra toda expectativa, la muerte de Dios no ha conducido al colapso social”