Tú también puedes ser un «rey mago»

1 julio 1999

Cercana la fecha de la «noche mágica» de Reyes, en los centros juveniles de tiempo libre se suelen organizar distintas actividades y fiestas para revivir el evento que más nos hace volver a ser y sentirnos como niños y niñas. Dejando aparte las típicas fiestas juveniles de la noche de Reyes, nos vamos a centrar en estas «ideas» en la fiesta infantil destinada a chicos y chicas de 8 a 13 años.

Antes de nada, en estas «fiestas infantiles de reyes» pretendemos potenciar el valor del compartir, del regalo gratuito (¿si no es gratuito, puede ser verdaderamente regalo?), del sentirnos protagonistas del dar sin esperar recibir, del crear un ambiente en que todos nos sintamos gratamente sorprendidos, y en recordar a los más desfavorecidos que no pueden vivir estos valores como los vivimos nosotros.

Para ello, se puede organizar la fiesta en torno al 5 de enero. Es importante realizar una convocatoria capaz de impactar. Por ejemplo, puede hacerse a través de una invitación personal a cada niño y niña con un texto sugestivo y alguna ilustración adecuada. Igualmente se ha de cuidar con esmero la ambientación: un gran cartel en la entrada del salón donde ha de desarrollarse la fiesta, elementos decorativos internos que, en el caso de celebrarse después del 5, sean capaces de mantener el «aire navideño», etc.

En el momento de la fiesta, la entrada se «paga» entregando un par de pequeños regalos sorpresa que han de colocarse cuidadosamente en un recipiente preparado con tal propósito. Este aspecto ha de ser anticipado con antelación (en la invitación), indicándose que no puede pasar de 200 ptas. cada uno de ellos y, a ser posible, que sean algo hecho por uno mismo. (Si algún niño o niña se olvidara de los regalos, sería igualmente admitido a la fiesta. Los animadores han de prever hechos así y preparar algunos regalos para el caso).

 

La fiesta se ha de desarrollar con todos los elementos propios de una fiesta infantil: inauguración con un gesto colectivo (canción, gritos iniciales, etc.) para continuar intercalando momentos de baile dirigido con juegos cooperativos. Habrá canciones que puedan cantar todos, juegos musicales, canciones para formar corros o filas siguiendo el mismo ritmo y movimiento al de quien encabeza, juegos en los que no esté presente la competición –en los que se participa por el simple y puro placer de jugar y pasar un rato agradable–, etc.

Hacia el final de la fiesta, cuando vemos que todavía el ambiente está vivo, se hace un corte para repartir entre todos los participantes los «regalos sorpresa». El niño o la niña más pequeños y el animador o animadora más veterano serán los encargados de repartir al azar los diversos regalos recogidos. Una vez que todos tienen en sus manos el regalo correspondiente, se apagan las luces y, cantando una canción o contando de 0 a 10, se van abriendo… Los regalos sobrantes se entregan a algún colectivo que trabaje con niños y niñas, repartiendo así nuestra alegría con otros pequeños más desfavorecidos.

Este sencillo modelo de fiesta admite múltiples variantes y serán los objetivos más específicos o las circunstancias propias, etc., las que marquen la dirección concreta.

Xulio C. Iglesias

 

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