Navidad de corazón

1 diciembre 2001

La Navidad, que en su origen suplantó a una fiesta pagana, se ha convertido ella misma en la actualidad en la gran fiesta pagana en la que adoramos, sin saberlo, al dios consumo y toda clase de luminarias artificiales condimentadas con musiquillas comerciales, ocultando así la sencillez y rotundidad del nacimiento de Jesús que se hace carne en carne viva y asume la condición humana desde la debilidad con todas sus consecuencias. Cada año seguimos celebrando este misterio imprevisto de amor.

Por eso otros años hemos traído a este CUADERNO JOVEN en el mes de diciembre numerosas páginas cuyo tema central es la Navidad y que pueden ayudarnos a celebrar más en cristiano estas fiestas. Así lo deseamos y así lo hacemos también este año.

No comentamos la elección de recursos que ofrecemos este año. Comenzamos desde aquí mismo un texto que preparamos hace un año como felicitación de Navidad. Se lo dedicamos a todos los que siguen teniendo cada año un corazón más joven porque es un corazón libre y nuevo que no se cansa de amar.

 

Ten el  corazón

a punto.  Apunta en

él silencios, sueños, vida…

Quema los malos humos: lo que sale

del corazón es lo que nos mancha, decía

Jesús. Escucha en sus latidos los latidos

del mundo. Anota lo que ves: eso esencial que

sólo se ve bien con el corazón. Recuerda que el

corazón no habla: adivina. Y sábete que, cuando

se ama, es el corazón quien juzga. Tú, comparte

ilusiones, sueños, vida: «un corazón solitario

no es un corazón». Manténlo siempre nuevo y

como una rosa florecido. En él está la

llave del encuentro. Que cada

segundo de tu vida sea

un latido de amor.

Di siempre sí

a la vida.

Sí.

 

 

Este tiempo de Navidad y los once meses siguientes pueden ser una buena ocasión para estrenarnos y entrenarnos cada día en algo verdaderamente importante: amar de corazón a uno mismo y a los demás.

 

                             HERMINIO OTERO

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